lunes, 28 de mayo de 2018

él.

Tal vez hoy sea uno de esos funestos días que recuerdas siempre. Leña en una chimenea de traumas, que hacen que el miedo y la inseguridad nunca te abandonen.
Ojalá poder estar con él. Tenía tantas ganas de verle, creí que podría ayúdale a encauzarse. No sé qué es peor, si la incertidumbre, o el miedo.
Mis pensamientos van demasiado rápido, no puedo detenerlos. Tal vez nunca más vuelva a escuchar su voz. Por suerte conservo un audio que me envió estando borracho, en el que me decía estuviese tranquila, que no era por mí.
Cuando vas con gente rota, puede que te acabes cortando, y yo ya estoy llena de cortes. Sin embargo merecieron la pena.
Quiero pensar que está tan destruido que prefiere huir a hablar. ¿Quién puede culparle? Yo desde luego no.
Mis demonios me susurran que no, que es culpa mía, que soy una imbecil, una pesada, y que se aleja de mí por eso. Me dicen que siempre estaré sola, porque no soy digna del afecto de nadie.
Voy a echarle tanto de menos. Se había convertido en alguien muy importante para mí. Como lo fue ella en su momento.
Le quiero tanto, no creo que pueda hacerse una idea de cuanto. Por lo menos me queda el consuelo de que siempre voy a estar en su piel. Aquel tatuaje, siempre estaré ligada a él.
Voy a llorar mucho. Lo sé. Tanto como con ella, o tal vez más, por ser ya la segunda vez que ésto me ocurre. Me quedo con todas las capturas de pantalla que hice de nuestras conversaciones. Así siempre podré leerlas y saber que un día no estuve sola.
Aún así tengo tanto miedo de que algo malo le pase. Aunque ya le está pasando, me refiero a algo peor. La incertidumbre. Tendré que vivir con ella a partir de ahora. Pero ya sé cómo gestionarla, Viqui me enseñó.
Voy a echarte tanto de menos. Mis lágrimas parecen más calientes de lo normal rodando suevemente por mi cara. Sí, voy a echarte mucho de menos. Aunque no lo estés, siempre estarás conmigo. Solo espero que no te enquistes, igual que se me enquistó ella. Voy a quedarme con todo lo bueno que me has dado. Martirizarme no hará que vuelvas, por lo tanto no merece la pena. No voy a guardarte rencor. Entiendo tus motivos, aunque no me los hayas dado. Si alguna vez quieres volver a mí, yo te estaré esperando. Siempre con los brazos abiertos. Siempre te llevaré en un lugar muy especial. Te quiero mucho.