martes, 19 de mayo de 2020

LV. Tu identidad.

¿Quién eres? ¿Quién fuiste? ¿Quién serás? ¿Te gusta quién eres? ¿O preferirías ser diferente? No lo sé. No sé nada.
Me duele. Y ni siquiera estoy segura de por qué. Echo de menos el pasado. Era difícil ser quien era en el pasado, pero ahora mismo me parece más fácil que ser quien soy ahora. Era sencillo, tenía un autoconcepto muy claro, muy negativo también, pero mejor que el de ahora. Antes era la del tca y la depresión, que se encontraba fatal y odiaba sentirse así. Pero ¿quién soy ahora? No lo sé. ¿Soy la que superó el tca y la depresión? Por extraño que parezca no me gustaría serlo.
Durante mucho tiempo me consideraré la trastornada de todos mis grupos de amigos. Ese era mi lugar. Una era la graciosa, otra la rebelde, y yo la trastornada. La que sufría desmesuradamente, la que hacía cosas raras, la que fingía estar bien, esa era yo. Y ahora que todo eso parece tan lejano, siento como si no quisiera abandonar ese lugar. Lo pienso y me suena demencial. ¿Quién se resistiría a cambiar eso? Prefieres ser la trastornada antes que la fuerte, la valiente. ¿Por qué? ¿Qué tiene de atractivo eso? Tal vez es simplemente que me he acostumbrado a estar en ese lugar, pensar en pertenecer a cualquier otro se me hace ajeno, como si no encajase conmigo. ¿Yo? ¿Ser la fuerte, o la valiente? Parece que ser la trastornada se me ajusta mejor. 

lunes, 30 de marzo de 2020

LIV. Vínculo.

Todas esas personas que me importan, en mayor o menor medida, siento que yo no les importo a ellas. ¿No tenéis la sensación de que ya nadie se esfuerza lo más mínimo por mantener o conservar los vínculos? Es como si en realidad en las relaciones reinase el desapego. "Si no me hablas yo no voy a hablarte, aunque eso conlleve que perdamos la relación." ¿Es que a nadie le importa? Coleccionamos seguidores en Instagram, como si cada numerito que se va sumando fuese un nuevo amigo, pero a nadie le importa perder una relación real. Les dejan ir con una facilidad asombrosa. Yo no soy capaz de hacer eso. Cada persona a la que le he contado mis más oscuros secretos, a la que he recurrido cuando estaba llorando cuando no quería seguir, en la que he confiado lo suficiente para enseñarle lo peor de mí, a la que he querido más que a mí misma, siento que es imprescindible. Pero yo no soy imprescindible para ninguna de esas personas. De hecho, siento que no soy imprescindible para nadie.
Ya nadie quiere esforzarse, preferimos lo rápido, lo que está más a mano, aunque sacrifiquemos un vínculo tras otro, como si no nos importaran. Parece que ya nadie presta atención a la calidad, nadie riega sus vínculos como si de plantas se tratasen, queriendo formar un jardín bello y frondoso. No importa dejar que la flor que un día regamos con tanto cariño y esmero se marchite, porque ya nos hemos aburrido de ella. 
Y así es como vamos consumiendo amistades. Les sacamos todo lo que nos pueden ofrecer y nos deshacemos de ellas cuando ya no queda nada. Como la ropa de Zara o Primark, invertimos poco en ella, por lo que nos duele menos si se estropea y tenemos que tirarla.
A mí me gusta regar mis plantas, me gusta vestir la misma ropa durante años. Me cuesta desprenderme de los demás. Me gusta conservar mis vínculos, verlos crecer, fortalecerse. Pero cuidar un vínculo es cosa de dos. Cuando solo uno cuida un vínculo, no suele vivir mucho tiempo. Me da pena, porque son muy importantes para mí, pero los vínculos no son eternos. Nada lo es.