martes, 19 de febrero de 2019

XLIV. Desanimada y alicaída.

Estoy tan desanimada que no me apetece ni escribir. Parece que me he quedado sin palabras. Y eso que las cosas no siquiera van mal, hay dificultades normalitas, pero nada que justifique este estado de ánimo mío tan alicaído. Si pudiese me pasaría el día entero durmiendo, no tengo interés ni motivación por nada, quisiera meterme en la cama y quedarme allí hasta que tenga de nuevo ganas de, como mínimo, seguir viviendo. No pido estar contenta y animada, con encontrar las fuerzas necesarias para ir tirando me conformo. Pensaba que volver a clase y tener interacción diaria con otras personas me ayudaría, pero no parece estar haciendo nada. Tal vez sea cosa de la medicación, la cual me la todo a veces sí y a veces no. Debería ser más constante con ella, lo sé, pero como hay días que me levanto tarde y no desayuno no siempre me la tomo.
Por más que busco no encuentro ningún aliciente, nada que me motive. Hago las cosas sin poner interés en ellas, solo las hago porque tengo que hacerlas.

sábado, 2 de febrero de 2019

XLIII. Mal día de cuerpo.

El otro día me dí cuenta de una cosa, de que estoy rechoncha.
Me hacía mucha ilusión hacerme una sesión de fotos en lencería, quería estar bonita y sentirme sexy, pero el resultado no fue el que yo esperaba. Michilines, mollas, grasa... Eso fue lo que me encontré en las fotografías. Y, como era de esperar, me ha despertado pensamientos de restringir para estar más delgada. Me siento gorda y culpable, como si este cuerpo hubirse sido decisión mía, como si yo fuese la responsable de haberme dejado tanto, de haber engordado tanto. Tengo un cuerpo feo, que podría parecer bonito escondido debajo de ropa bonita, pero la ropa interior bonita no es suficiente para esconder todos los defectos.
No me veo representada en ninguna parte, ni en películas o series, ni en programas de televisión, ni en revistas, en ninguna parte. Tengo un cuerpo feo, y nadie quiere ver un cuerpo feo. He perdido la poca confianza que tenía en mi misma, se ha esfumado. Me siento como muy pocas veces en mi vida me he sentido, me siento gorda. Es cierto que durante el TCA yo no tenía una dismorfia desmesurada, pero no me veía tan mal como me veo ahora. Gorda. Me doy asco, soy una bola de sebo. Pero restringir supondría volver a tener síntomas de TCA, y como no quiero pesarme, por miedo a lo que la báscula pueda decirme, no es una opción que me atraiga. La otra opción es resignarme, hacerme a la idea de que no puedo tener un cuerpo bonito y punto y final. Imagino que más vale estar rechoncha y no sufrir, a ser delgada y vi ir sufriendo. Pero me da pena, no poder tener eso que otras personas tienen, un cuerpo sexy y bonito, delgado. En realidad creo que no estoy pidiendo mucho.
Me siento débil, débil e incapaz. Hace años me saltaba comidas como si tal cosa, pero hoy paso un hambre de cuatro pares de narices.
Un pensamiento perturbador se me ha pasado por la cabeza: "soy una mala enferma". Como si alguien pudiese ser eso, ser un enfermo no válido. En realidad, no sé ni por qué me siento así, si no siquiera tengo síntomas, solo pensamientos.
Les tengo envidia, a todas ellas. Son bonitas y delgadas, pueden llevar ropa sexy que les queda bien sin dar asco, y yo no. Es una ilusión, pretendo ser quien no soy, como no soy. 42/44, ¿se puede dar más asco? ¡Y lo peor es que tengo un cuerpo amorfo! Seguro que hay personas super sexy con esa misma talla, pero no es mi caso. No es por la talla, es por mí. Soy yo lo que falla. Es por mí. Yo soy el problema. Mediocre, prescindible, reemplazable...