Ha llegado un punto en el que ya no uso mis fantasías para huir de un lugar desagradable para estar en uno más agradable, las uso para evitar un lugar agradable y estar en un lugar horrible. Era un entretenimiento inocente al principio, ahora es algo más, ha tomado el control y ya no es algo que pueda evitar hacer libremente. Paso allí más tiempo del que debería, casi todo el día, y lo ansío fervientemente. Sin embargo no es algo que disfrute, más bien es algo que me sumerje en emociones profundamente desagradables. Dolor, tristeza, soledad, desasosiego... Ese otro mundo que creé en mi imaginación ha degenerado de una manera atroz. Ya no es lo que era, ni sirve para lo mismo que servía. Sin embargo me resisto ha dejarlo atrás. Podría estar bien, pero voy allí, y elijo estar mal. Lo eligo yo. Yo lo he construido, podría deshacerlo en cuando quisiera, pero no lo hago, porque no quiero. No se puede decir que disfrute estar mal, entonces, ¿por qué eligo estarlo? Eso es lo peor, yo lo eligo, entre salud y enfermedad, eligo enfermedad, entre alegría y tristeza, eligo tristeza, entre luz y oscuridad, eligo oscuridad. Este monstruo que he creado se ha vuelto contra mí, y me está devorando. Y sin embargo no huyo, lo busco. Cuando él está dormido, y yo lo despierto. Cuando no estoy allí lo extraño, y cuando ya estoy allí de nuevo, me hace sufrir. Se ha vuelto mucho más potente. Ya no puedo controlarlo. Quisiera conservar las fantasías, los pensamientos, pero me los creo tanto que ejercen un efecto muy dañino en mí. Me provocan las emocionen que recreo en mi imaginación. Y sé que no es real, nunca lo será, pero, ¿sabéis lo que sí es real? El estado emocional en el que me sumen. Puedo experimentar todas las emociones que ella siente, aunque su situación en mí, no sea real, aunque sea yo quien la ha creado.
Si le contase a alguien lo que he hecho, lo que hago, sabrían que soy una lunática. Porque no tiene otro nombre. ¿Quién, en su sano juicio, haría lo que yo estoy haciendo? Vivo en otra realidad, una peor que la original, y la prefiero. Prefiero ese lugar que yo controlo, que yo diseño tal y como se me antoja, pero que en lugar de ser un lugar mejor, es un lugar en el que todas mis excentricicidades se ven elevadas a su máximo exponente.
No logro entender el porqué, y creo que nunca podré arrojar luz sobre este asunto, porque, como ya he dicho, no me atrevo a compartirlo con nadie. Y no porque no lo haya intentado, que lo he hecho, sino porque es demasiado complejo como para ser entendido por cualquiera.
Podría ser diferente, a veces lo es, pero siempre tengo que volver a las andadas, ha convertir ese lugar de paz, en un lugar de sufrimiento. Lo profano una y otra vez. Pareciese que me encanta hacerlo, y en parte es así, de no ser porque esas emociones me consumen. Si no estuvieran, si no aparecieran, sería algo que realmente disfrutaría. Pero ¿por qué? ¿Cómo es posible? ¿Quién elegiría ver el lado más negativo de todo, pudiendo ver el positivo? Qué pregunta más tonta, la respuesta es yo. ¿Cómo de desquiciado hay que estar para hacer lo que yo hago? Vivir de las sombras, del sufrimiento, de lo peor. Podría estar en un lugar cálido, luminoso, lleno de paz, un lugar idílico, pero estoy en un lugar frío, oscuro, lleno de sufrimiento, un lugar atroz.
Si le contase a alguien lo que he hecho, lo que hago, sabrían que soy una lunática. Porque no tiene otro nombre. ¿Quién, en su sano juicio, haría lo que yo estoy haciendo? Vivo en otra realidad, una peor que la original, y la prefiero. Prefiero ese lugar que yo controlo, que yo diseño tal y como se me antoja, pero que en lugar de ser un lugar mejor, es un lugar en el que todas mis excentricicidades se ven elevadas a su máximo exponente.
No logro entender el porqué, y creo que nunca podré arrojar luz sobre este asunto, porque, como ya he dicho, no me atrevo a compartirlo con nadie. Y no porque no lo haya intentado, que lo he hecho, sino porque es demasiado complejo como para ser entendido por cualquiera.
Podría ser diferente, a veces lo es, pero siempre tengo que volver a las andadas, ha convertir ese lugar de paz, en un lugar de sufrimiento. Lo profano una y otra vez. Pareciese que me encanta hacerlo, y en parte es así, de no ser porque esas emociones me consumen. Si no estuvieran, si no aparecieran, sería algo que realmente disfrutaría. Pero ¿por qué? ¿Cómo es posible? ¿Quién elegiría ver el lado más negativo de todo, pudiendo ver el positivo? Qué pregunta más tonta, la respuesta es yo. ¿Cómo de desquiciado hay que estar para hacer lo que yo hago? Vivir de las sombras, del sufrimiento, de lo peor. Podría estar en un lugar cálido, luminoso, lleno de paz, un lugar idílico, pero estoy en un lugar frío, oscuro, lleno de sufrimiento, un lugar atroz.