Ya nadie quiere esforzarse, preferimos lo rápido, lo que está más a mano, aunque sacrifiquemos un vínculo tras otro, como si no nos importaran. Parece que ya nadie presta atención a la calidad, nadie riega sus vínculos como si de plantas se tratasen, queriendo formar un jardín bello y frondoso. No importa dejar que la flor que un día regamos con tanto cariño y esmero se marchite, porque ya nos hemos aburrido de ella.
Y así es como vamos consumiendo amistades. Les sacamos todo lo que nos pueden ofrecer y nos deshacemos de ellas cuando ya no queda nada. Como la ropa de Zara o Primark, invertimos poco en ella, por lo que nos duele menos si se estropea y tenemos que tirarla.
A mí me gusta regar mis plantas, me gusta vestir la misma ropa durante años. Me cuesta desprenderme de los demás. Me gusta conservar mis vínculos, verlos crecer, fortalecerse. Pero cuidar un vínculo es cosa de dos. Cuando solo uno cuida un vínculo, no suele vivir mucho tiempo. Me da pena, porque son muy importantes para mí, pero los vínculos no son eternos. Nada lo es.