domingo, 29 de julio de 2018

XXXIV. Ellos.

Es raro, ya sabes, que no me encuentre como acostumbro a encontrarme cuando estoy mal. Esta noche, estoy resignada. Resignada a no ser lo suficientemente buena para los que más me importan. Esta noche, ellos están ya dormidos, y yo estoy sola. Lo he intentando, he intentado pedir ayuda, pero a estas horas, o tienes alguien en quien confiar ciegamente, o no tienes a nadie. A estas horas, cualquiera no vale. Necesitas a alguien íntimo, muy íntimo, alguien que no sienta que le estas molestando, alguien que se preocupe al instante. Esa es la clase de persona que yo soy. Alguien que da el 200% si quiere a alguien, pero a la que no le devuelven ni la mitad. Esta noche no estoy llorando, aun que he de admitir que estoy un poco triste. Si aún les tuviese, ¿recurrirá a ellos? Teniendo en cuenta mi inmensa inseguridad seguramente no lo haría. Me dejaría llevar por el miedo, el miedo a molestar. Esta noche no siento dolor, aunque tal vez me gustaría. ¿Cómo de perturbado debe estar alguien para querer sentir dolor? Ese dolor emocional que crece de manera exponencial sin que nadie pueda detenerlo. El dolor más doloroso del mundo. El del miedo, la soledad, la apatía, el vacío... Ese dolor. ¿Quién querría volver a experimentarlo?
La enfermedad. Esa enfermedad que tanto me ha hecho sufrir. ¿La deseo de nuevo? Creo que no, más bien deseo lo que tenía mientras estaba enferma. Delgadez. Comprensión. Apoyo. Dolor. Vacío. Soledad. Apatía. La balanza se inclina hacia el lado negativo, pero les echo tanto de menos que tan vez valiese la pena. Es por ellos. Les quiero a ellos. Volved a mí, y todo se arreglará.

miércoles, 25 de julio de 2018

XXXIII. Desamparada.

Desde que él se marchó me siento desamparada. Me está ocurriendo como cuando se fue ella, que estoy teniendo comportamientos de riesgo en un patético intento de encontrar alguien que le sustituya. Ya no tengo nadie en quien confiar ciegamente, y eso me atormenta. ¿A quién puedo recurrir cuando necesito apoyo, si no me fio de nadie? Nadie, ya no puedo contar con nadie. Unos por tal motivo, otros por tal otro, al final yo poniendo mi integridad mental en peligro porque necesito manera imperiosa sentirme querida, acompañada y apoyada.
Me pregunto por qué tuvieron que marcharse, si yo les quería tanto. Habría hecho cualquier cosa por ellos, pero obviamente yo solo era una más para ellos, nadie importante, nadie a quien mereciese la pena conservar.
Ansío con todas mis fuerzas recuperar esa sensación de compañía y confianza que me brindaban. Ahora han sido sustituidas por el desamparo, la soledad y la desconfianza. ¿Hasta donde sería capaz de llegar con tal de recuperar esa sensación de estar a salvo solo porque sabes que alguien está contigo? Estar en esta fría noche solitaria y horripilante que es mi mente me perturba.
Es miedo. Miedo de la soledad. Miedo de no tener un pilar sobre el que apoyarme. Miedo de derruirme. En cualquier momento podría venirme abajo, y no sólo no tendría a nadie que me sostuviera, sino que a nadie le importaría. Nadie está ahí, preocupandose por mí, por mi bienestar. A nadie le importa si estoy llorando a solas, a nadie le importa si estoy sufriendo. A nadie le importa si mi enfermedad me atormenta de nuevo, o si mis miedos y traumas me impiden avanzar. Nadie va a estar ahí para mí si le llamo en mitad de la noche presa de mis miedos irracionales, ni cuando tenga problemas con la comida, o con el pelo. Nadie.
Eso es lo que peor llevo, no tener con quien estar, con quien contar.
No debiste haberme abandonado. Ni tú, ni ella, ni ellos. Ninguno de vosotros visteis hacerlo. No tuvisteis en cuenta la extremada fragilidad de mi aparente fortaleza. Ahora estoy de nuevo en ruinas después de cinco años, me siento como entonces, total y absolutamente desesperada. Me asusta pensar por dónde van a salir todas estas emociomes sin gestionar esta vez. Este dolor emocional que aumenta de manera exponencial sin que yo pueda ponerle freno. Esta vez no va a haber nadie ahí para ayudarme a no caer. Ni para recogerme cuando me caiga. Nadie va a ayudarme a terminar con esta espiral al de miedo y sufrimiento en la que me he sumido. Y nadie va a poner siquiera empatizar conmigo, porque nadie va a enterarse siquiera. Será un secreto. Igual que hace cinco años lo fue. Oculta tu malestar detrás de una sonrisa cuando estés con otras personas y llora en silencio cuando estés sola. Porque ellos ni lo entenderían ni sabrían como ayudarte. Es mejor que no lo sepan. Y si aquellos que sí podrían entenderlo van a dedicarse a dejarte sola cuando les quieras y les necesites tal vez lo mejor sea estar sola.
Tú tira de los antidepresivos mientras los tengas. Ellos no te abandonarán.