Es raro, ya sabes, que no me encuentre como acostumbro a encontrarme cuando estoy mal. Esta noche, estoy resignada. Resignada a no ser lo suficientemente buena para los que más me importan. Esta noche, ellos están ya dormidos, y yo estoy sola. Lo he intentando, he intentado pedir ayuda, pero a estas horas, o tienes alguien en quien confiar ciegamente, o no tienes a nadie. A estas horas, cualquiera no vale. Necesitas a alguien íntimo, muy íntimo, alguien que no sienta que le estas molestando, alguien que se preocupe al instante. Esa es la clase de persona que yo soy. Alguien que da el 200% si quiere a alguien, pero a la que no le devuelven ni la mitad. Esta noche no estoy llorando, aun que he de admitir que estoy un poco triste. Si aún les tuviese, ¿recurrirá a ellos? Teniendo en cuenta mi inmensa inseguridad seguramente no lo haría. Me dejaría llevar por el miedo, el miedo a molestar. Esta noche no siento dolor, aunque tal vez me gustaría. ¿Cómo de perturbado debe estar alguien para querer sentir dolor? Ese dolor emocional que crece de manera exponencial sin que nadie pueda detenerlo. El dolor más doloroso del mundo. El del miedo, la soledad, la apatía, el vacío... Ese dolor. ¿Quién querría volver a experimentarlo?
La enfermedad. Esa enfermedad que tanto me ha hecho sufrir. ¿La deseo de nuevo? Creo que no, más bien deseo lo que tenía mientras estaba enferma. Delgadez. Comprensión. Apoyo. Dolor. Vacío. Soledad. Apatía. La balanza se inclina hacia el lado negativo, pero les echo tanto de menos que tan vez valiese la pena. Es por ellos. Les quiero a ellos. Volved a mí, y todo se arreglará.
La enfermedad. Esa enfermedad que tanto me ha hecho sufrir. ¿La deseo de nuevo? Creo que no, más bien deseo lo que tenía mientras estaba enferma. Delgadez. Comprensión. Apoyo. Dolor. Vacío. Soledad. Apatía. La balanza se inclina hacia el lado negativo, pero les echo tanto de menos que tan vez valiese la pena. Es por ellos. Les quiero a ellos. Volved a mí, y todo se arreglará.
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