domingo, 31 de diciembre de 2017

XXIII. Again.

Pensando de nuevo en contar calorías, pensando de nuevo en pesarme, pensando de nuevo en perder peso, en ser delgada. 
¿Es que nunca va a acabarse esta tortura? ¿Qué es lo que tengo que hacer para que se solucione todo de una vez? ¿A qué tengo que renunciar para ser una persona normal? ¿Qué es lo que está mal en mí? ¿Soy realmente yo el problema? ¿Qué es lo que quiero? ¿Qué es lo que necesito?
Sé que estoy haciendo las cosas mal, pero no encuentro un buen motivo por el que hacerlo bien. Creo que si lo hago bien ganaré peso, y no quiero que eso pase.
Sin embargo no me encuentro muy mal, estoy triste, pero no apática, más bien estoy alicaída. No me siento tan mal como en el pasado, cuando estaba muerta en vida y consumiéndome poco a poco.
Ahora estoy viva, pero tal vez no dure mucho.

viernes, 29 de diciembre de 2017

XXII. Autodestrucción.

Me sorprende mi capacidad para autodestruirme. Consigo hacerme añicos con una facilidad asombrosa. Me induzco un sufrimiento atroz, y no sé como parar.
Conozco las partes más oscuras de mi mente, los recuerdos más dolorosos, los pensamientos más dañinos, y sin embargo no puedo evitar sorprenderme visitándolos de nuevo cuando menos debo hacerlo. Conozco mi tendencia a la obsesividad, pero no me veo capaz de renunciar al objeto de mis obsesiones. Conozco el dolor que me provoca recordar determinadas situaciones, sin embargo las rescato de mi memoria sin saber cómo desviar mi atención. Y la cosa no se queda ahí, sino que me obligo a vivir en mi imaginación aquello que me da más miedo. ¿Por qué me hago esto? ¿Cuál es mi problema? Si conozco las causas y las consecuencias de mis actos, ¿por qué no puedo parar de hacérmelo pasar mal? Si dijésemos que disfruto el dolor que me provoco pues ni tan mal, pero es que no es así. Es absolutamente insoportable. Vivir así es insoportable. Sumida en el miedo y en el dolor, sin poder disfrutar de lo que tuve en el pasado porque lo uso para hacerme daño.
Vuelvo a esos lugares que no debo recorrer una y otra vez, como si esperase que de tanto mirarlos fuesen a cambiar. Los conservo como oro en paño cuando debería hacer todo lo posible por deshacerme de ellos. Me regodeo en ellos sin descanso, queriendo huir de ellos pero sin saber hacia qué dirección hacerlo. Tal vez no sea posible huir, quizás no pueda deshacerme de ellos nunca.

jueves, 28 de diciembre de 2017

XXI. ella.

¿Por qué no pude olvidarte? ¿Por qué me abandonaste? ¿Por qué aún me dueles? ¿Por qué no luchaste? ¿Por qué me superaste?
Desde que nos fuimos a pique no he podido salir a flote. Desde que nos marchitamos no he vuelto a florecer.
¿Era acaso todo un espejismo? ¿Es que en realidad no fuimos lo que yo creí que éramos? ¿Fue acaso culpa mía? Yo creo que no lo fue, y siempre he culpado a tu alterada percepción por no culparte directamente a tí.
¿Es que no llegamos a existir? ¿O es que fue todo una mentira?
Nunca quise a un amigo más que a tí, nunca sentí algo tan intenso por otra persona. Nos confundían con novias de tanto que nos queríamos.
He vivido desde entonces entre el rechazo y la necesidad, no sabiendo si te rechazaba o si te rehuía.
Tal vez te hayas convertido en una obsesión, como tantas otras que he tenido.
Tal vez seas ese fantasma que va a seguirme para siempre, resurgiendo una y otra vez en mi memoria sin permitirme olvidarte ni avanzar. Sin permitirme cerrar la última página de ese trágico capítulo cuyo final me atrevo a aceptar.
Dicen que la vida da muchas vueltas, pero de tantas que ha dado yo ya estoy mareada.
Hice tantas tonterías cuando me dejaste, dejando alterada mi percepción de la realidad, desesperada por encontrar otra persona que me quisiera como tú, a la que querer tanto como a tí.
Quizás pensaste que me ayudabas alejándome de tí, pero me dejaste un trauma por abandono y delirios de soledad que me hicieron cometer una buena cantidad de estupideces.
Eres la astilla en mi malherido corazón, esa que no dejo de toquetear, que no sé si quiero arrancar, de la que me he quedado prendada.
Te dije que te amaba, porque decir te quiero no reflejaba la intensidad de mis sentimientos hacia tí.
Me dijo que me reconstruiría, pero lo que hizo fue derruirme.

lunes, 23 de octubre de 2017

XX. Recaídas

Hace poco, mientras caminaba por el campus universitario de camino a coger el autobús, me dí cuenta de que unos pantalones se me habían quedado un pelín sueltos, es decir,  me dí cuenta de que había perdido peso. Enseguida supe identificar el motivo: me salto comidas. Instantáneamente tomé una decisión; iba a empezar a restringir más, para seguir perdiendo peso.
Durante los días siguientes estuve más pendiente de mi aspecto físico, saltándose comidas de manera intencionada, pensando en pensarme, pensando en ser delgada. Estuve mintiendo a mis familiares cuando me preguntaban si había comido, mirándome más detenidamente al espejo, pensando en calorías.
Durante esa primera semana de restringirme miraba más a los demás, y me fijaba en si eran más o menos delgados que yo. Me estuve comparando mucho, deseando tener un cuerpo que una vez tuve, pero que no pude ver ni disfrutar.
Poco después empecé a pensar en trastornos alimenticios, buscaba testimonios en YouTube, programas de televisión, documentales, películas, libros... Empecé a pensar demasiado en el tema.
En mí interior había una lucha, la misma lucha de siempre, salud VS delgadez. Pensaba en todas aquellas personas a las que conozco que tienen trastornos alimenticios y en cómo yo había intentado ayudarles, y en que ahora yo actuaba del modo en que una vez les pedí que abandonaran. ¿Con qué cara podía yo hablar de nuevo con ellos y decirles que la delgadez no lo es todo en la vida, que la salud es más importante? Me sentía culpable y avergonzada. Me sentía una hipócrita.
Hoy me he decidido a hablar, he decidido contarlo en mi cuenta de desahogo, y eso me ha ayudado a ver las cosas de manera diferente. Había estado debatiéndome entre hablarle sobre esto a mi terapeuta o callarme y seguir perdiendo peso. Hoy he decidido contarle a mi psicóloga lo que me ha ocurrido. He decidido comer cuando debo hacerlo, no sin recelos. He decidido hacer lo correcto.
Durante estos días de síntomas restrictivos he visto como mi mente se iba por donde no debía, y eso no me ha gustado. He visto como unos días de comer menos han sembrado en mí la semilla de la obsesión, y no voy a permitir que germine.
El hecho de haber vivido esta enfermedad te hace creer que puedes controlarla, pero no es así. Nada impide que surgan en ti de nuevo esos pensamientos autodestructivos que tanto te costó eliminar.