Me sorprende mi capacidad para autodestruirme. Consigo hacerme añicos con una facilidad asombrosa. Me induzco un sufrimiento atroz, y no sé como parar.
Conozco las partes más oscuras de mi mente, los recuerdos más dolorosos, los pensamientos más dañinos, y sin embargo no puedo evitar sorprenderme visitándolos de nuevo cuando menos debo hacerlo. Conozco mi tendencia a la obsesividad, pero no me veo capaz de renunciar al objeto de mis obsesiones. Conozco el dolor que me provoca recordar determinadas situaciones, sin embargo las rescato de mi memoria sin saber cómo desviar mi atención. Y la cosa no se queda ahí, sino que me obligo a vivir en mi imaginación aquello que me da más miedo. ¿Por qué me hago esto? ¿Cuál es mi problema? Si conozco las causas y las consecuencias de mis actos, ¿por qué no puedo parar de hacérmelo pasar mal? Si dijésemos que disfruto el dolor que me provoco pues ni tan mal, pero es que no es así. Es absolutamente insoportable. Vivir así es insoportable. Sumida en el miedo y en el dolor, sin poder disfrutar de lo que tuve en el pasado porque lo uso para hacerme daño.
Vuelvo a esos lugares que no debo recorrer una y otra vez, como si esperase que de tanto mirarlos fuesen a cambiar. Los conservo como oro en paño cuando debería hacer todo lo posible por deshacerme de ellos. Me regodeo en ellos sin descanso, queriendo huir de ellos pero sin saber hacia qué dirección hacerlo. Tal vez no sea posible huir, quizás no pueda deshacerme de ellos nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario