domingo, 26 de agosto de 2018

XXXVI. Burgos.

Hoy es mi último día en Burgos, y he de admitir que este viaje no ha sido como me lo esperaba. Tampoco es que tuviese unas expectativas desmesuradas, simplemente esperaba pasar un buen rato con una amiga, y no es que lo haya pasado mal, es que me he sentido lejos de ella. Hubo unos días, al principio del viaje, en que hablábamos y nos contábamos cosas, pero ahora pasamos el rato en silencio, cada una con su móvil. No vine a Burgos a estar con el móvil, no invertí parte de mis ahorros en venir a verla para pasar el rato pendiente de redes sociales, porque eso ya puedo hacerlo en casa. Vine para estar con mi amiga, reírnos, pasear, charlar... Es el silencio lo que más me perturba y molesta, porque me hace sentir lejos de ella, como si no tuviésemos nada de que hablar, ningún tema de conversación interesante. Entiendo que necesite algo de espacio, y creo que lo estoy respetando, pero lo que no esperaba es que pasásemos tanto tiempo calladas, cada una a lo suyo. Eso no es lo que quiero, quiero estar con ella, contarnos nuestras cosas y compartir buenos momentos que luego podamos recordar.
Me pica que se lleve mejor con nuestros otros amigos que conmigo, que hable con ellos más que conmigo y que piense en ellos más que en mí. Y no son imaginaciones mías, sé que es así no solo porque lo haya visto, sino porque ella me lo ha dicho. Ellos son más parecidos a ella que yo, les gusta el mismo humor, tienen opiniones parecidas... Yo choco más con ella, pero aún así la quiero y aprecio mucho, y me gustaría sentirme más cerca de ella. La eché mucho de menos cuando se marchó, y ahora que se vuelve a marchar no quiero estar un año entero sin hablar con ella. Me gustaría que alguna vez se acordase de mí y diese ella el primer paso, que abriese la conversación, pero no tiene pinta de que eso vaya a suceder.
A veces me canso de ir siempre detrás de todo el mundo y que casi nadie o casi nunca nadie vaya detrás de mí. Soy buena, soy valiosa, pero eso no es algo que los demás me demuestren, más bien es algo que yo veo. Y no es narcisismo ni vanidad, es la pura verdad. Soy una persona muy valiosa, pero me gustaría que de vez en cuando alguien me lo demostrase, ya sabes, para que no se me olvide. Y es que cuando estoy mal soy propensa a olvidarlo y creer que soy alguien reemplazarme y prescindible, y no es nada agradable sentirse así.
-¿De que te ríes?
-Estoy hablando con Javi...
Vale, perdona por querer hacerme participe de tu risa. Soy capaz de aguantar vuestro machismo con tal de sentirme integrada, os lo he demostrado en varias ocasiones. Si él estuviera conmigo recurrirá a él, pero como lo está, hablando con la nada me quedo. Porque claro, es taaan gracioso hacer burla del feminismo que tantas vidas ha salvado y seguir participando del machismo que tantas otras ha robado... Y esta taaan bien dejar desplazada a Dulce aunque intente integrarse solo porque que cree las absurdas mentiras del feminismo.
Estoy empezando a arrepentirme de hacer venido, en casa me aburro y me siento mal, pero la mayoría de las veces esto ocurre sin motivo. Es preferible estar mal sin motivo a estarlo con motivo.
Qué divertido debe ser ese juego del móvil, tanto que prefieres estar pendiente de él en vez de estar conmigo, que esforzarte como yo lo hago por sacar un tema de conversación. No eres una persona fácil amiga, no lo eres, y yo te tolero mucho, como a los demás. Todo porque no podría soportar perderte. Como no soportaría perder a nadie.

sábado, 4 de agosto de 2018

XXXV. Un buen día.

Ayer fue un un buen día, menos mal, lo necesitaba. Fuimos al cine, T y yo, y estuvimos en el centro comercial dando un paseo, charlando, era justo lo que necesitaba. Una buena conversación. Alguien que me entienda, que no me juzgue, que me escuche. Fue fantástico. Ojalá repetirlo pronto. Pero claro, con mi inseguridad y mi miedo a molestar igual no me atrevo a proponerselo. En ningún momento me sentí mal, ni insegura, ni que fuese un estorbo, estaba super cómoda. Hablamos de muchísimas cosas, con una conversación super fluida, tranquila, y amena. Ojalá repetirlo pronto. Era exactamente lo que necesitaba. Días así son el antídoto perfecto para la enfermedad. Los necesito más a menudo, no sólo porque me ayuden a mantener a raya los pensamientos destructivos, sino también porque lo disfruto muchísimo. Es una maravilla estar tranquila, no sentirte mal, alejar el malestar de ti, llevarlo hasta un recóndito lugar del que no pueda salir. Es una maravilla... Ella se parece mucho a mí, y eso me proporciona esperanza. No estoy sola, y eso me gusta. La soledad es una de esas sensaciones que te destruyen, la sensación de estar acompañada te hace más fuerte. Cuando él me abandonó me quedé sola, débil y frágil. Desamparada. Pero ahora me encuentro mejor, me siento bien. Me gusta sentirme bien. Creía que prefería estar mal, pero no, eso es lo que la enfermedad me hace creer, pero en absoluto, prefiero sentirme bien. Es más agradable, no hay comparación. Ahora quiero mantenerme así, positiva y contenta. Alegre. Me gusta, espero que dure.