sábado, 21 de septiembre de 2019

XLIX. Pertenencia y potenciación personal.

En la asignatura de Introducción a la Psicología Social, a pesar de que la suspendí, me sirvió para darme cuenta de algo. Mis problemas de salud mental no sólo me hacen sentirme "parte de algo", también hacen que me sienta "diferente del resto". Durante una de las primeras clases de esta asignatura, la profesora nos habló de los motivos sociales universales, que la psicóloga Susan Fiske propuso, y que según su teoría impulsan a las personas a vivir en comunidad e interaccionar. Estos motivos sociales universales son: pertenecia, confianza, control, potenciación personal y comprensión, pero los que más me llamaron a mí la atención fueron los de pertenencia y potenciación personal.
Desde hace mucho tiempo, al menos un par de años, sé que, padecer el TCA, ha hecho que me sienta parte de un grupo, y es raro porque, a mi alrededor, en mi entorno más cercano, no hay otras personas que hayan padecido ese mismo trastorno. Es como cuando eres gay y te sientes parte del colectivo LGTB, te sientes parte de algo grande, incluso poderoso e importante. Sientes que tienes algo que reivindicar, junto con otro gran puñado de personas en todo el mundo que comparte contigo una única característica. Eso me pasa a mí, sobretodo con el TCA. Siento que comparto algo con alguien, y es extraño, porque no es necesariamente algo bueno. Sin embargo me resistí durante un tiempo a abandonar ese grupo, el grupo de personas con ese trastorno. Al principio, cuando hablaba de ello decía que estaba recuperada en un ochenta por ciento, porque me gustaba que por ese otro veinte por ciento restante siguiese estando en ese grupo.
Lo que me ocurre con el motivo social de potenciación personal no fui consciente de ello hasta hace poco. Y es que, todo lo que tiene que ser con mis trastornos mentales, cono ir a terapia o tomar psicifarmacos, hacen que me sienta diferente de las personas que están en mi círculo, y eso en cierto modo me gusta. Hace años, cuando estaba con síntomas, cuando mis pensamientos me hacían daño y sufría a más no poder, sentía una vergüenza inmensa y sentía que daría lo que fuera por ser como el resto. Pero ahora que mis trastornos no me molestan de tal modo en que me impidan el desarrollo "normal" de mi vida, ya no me siento así. Mi madre me dijo una vez una cosa. Dijo que le daba la impresión de que alardeaba de mis problemas de salud mental, como si me sintiese orgullosa de ellos. En aquel momento lo negué por completo, y le dije que hablaba de ello con naturalidad porque estaba intentando restarles importancia, para que dejasen de ser mi oscuro secreto para ser simplemente algo más por lo que he pasado y punto. Pero cuando estoy con mis amigos a veces dejo caer un "pues hoy se me ha olvidado tomarme las pastillas" o "la semana que viene me toca con la nutricionista", y lo hago para que no se les olvide que aún tomo pastillas, o que aún tengo que ir a terapia. Y me parece mezquino y patético por mi parte. No estoy muy segura de qué es lo que espero por su parte. Supongo que simplemente quiero atención. Sin embargo les rechazo cuando necesito ayuda. Mis amigos neurotípicos, que son a los que más veo, son los últimos a los que recurriría si estuviese de bajón por algo de la trico, la depresión, la ansiedad o el tca. Nunca les pido ayuda con eso porque siento que no lo entenderán, y que no sabrán como ayudarme.
Sentimiento de pertenencia y potenciación personal, eso es lo que me aporta algo que supuestamente solo debería traerme ya malos recuerdos. Pero no es así. Me gusta sentirme cerca de personas a las que tengo lejos, y me gusta sentirme lejos de peronas que tengo cerca. Incomprensible.