domingo, 29 de diciembre de 2019

LIII. Nuevo abandono.

Hoy Alba se ha pirado. Dice que la agobio, que no tenemos nada en común, que no sabe como ayudarme, y que necesita un tiempo. Definitivamente soy prescindible, cualquiera podría vivir sin mí, no soy importante. No importa cuánto me esfuerce, ni lo que sienta, yo no valgo nada. Y si nadie me quiere, ¿cómo sé que merezco la pena? ¿Cómo sé que soy buena amiga? ¿Qué pasa conmigo?
No puedo vivir más tiempo así, no quiero vivir así. Pero no sé por qué me sorprende, estaba más que comprobado que soy reemplazable, pero prefería pensar que no lo era. A todos nos gusta sentir que somos importantes para alguien. Debería esforzarme en aceptar el hecho de que nadie va a estar aquí para mí cuando lo necesite, que la gente prefiere no ver el lado triste de los demás. ¿Para qué vas a querer un amigo al que tienes que estar sosteniendo y del que tienes que cuidar? Soy una carga. Es mejor que no moleste a nadie con mis problemas.
Me siento perdida y aturullada. No sé qué más hacer, y me he quedado sin palabras. Demasiadas piezas están cayendo. No sé si seré capaz de permanecer en pie viendo como todo se desmorona a mi alrededor. Quisiera poder llorar al menos, pero estoy en shock. Verás tú cuando despierte y me vea sola de desamparada de nuevo. Eso sí que va a ser gracioso. 

domingo, 22 de diciembre de 2019

LII. "No deberías haberte sentido así." - J

La noche ha empezado bien, pero al final se ha ido a la mierda. Me pregunto qué habrán dicho de mí a mis espaldas después de despedirnos. Pero creed que si hubieseis vivido lo que yo, no opinaríais igual.
Yo un grupo de amigos que conozco desde hace mucho tiempo, formado por cinco personas incluyéndome a mí. Dos de esas personas somos feministas, y tres son antifeministas. Como les veo y hablamos muy poco, no suele haber choques entre los dos "bandos" del grupo, pero hoy lo ha habido. Y duele. Me duele. No sé de qué me sorprendo, si siempre pasa lo mismo. Al principio he aportado mi punto de vista, pero viendo que con ellos no se puede hablar he optado por callarme. Siempre tengo que ser yo la que se calla. Estoy tan implicada en el tema que me duelen como puñales vuestras palabras, vuestra ignorancia. Menos mal que tenía que irse una y al final nos hemos ido todos, porque si no habría roto a llorar. No sé cuando volveré a verles o a hablar con ellos, tal vez sea mejor que estemos separados. ¿Qué necesidad tengo yo de encontrarme mal por vosotros? Seguro que ahora estáis tranquilitos y relajaditos y no comiendoos la cabeza como yo. No tenéis filtros, decís lo que pensáis y punto, y no os importa cómo pueda yo sentirme. Y no solo no os importa, sino que lo invalidáis. 
A veces me sorprende lo sumamente ignorantes e insensibles que son. Y tal vez no debería sorprenderme, porque ya se han comportado así en el pasado, pero me cuesta creer que personas a las que aprecio piensen de ese modo. 

lunes, 9 de diciembre de 2019

LI. From: Me To: Me

Ojalá pudiera contar con alguien, ojalá. 
Das pena chica, deja de intentarlo.
Vives por y para la aprobación de los demás. Te aterra ofenderles, a pesar de que a ellos les da igual ofenderte a ti.
Vas de sanita y no eres más que una pobre chiquilla que necesita aferrarse a esa falsa imagen de fuerte y tenaz. 
Estas podrida por dentro, tienes buenas intenciones, eso es verdad, pero solo para con los demás, nunca contigo misma. 
¿Vas a irte llorando a buscarles cuando SABES PERFECTAMENTE QUE NO LES IMPORTAS UNA MIERDA? TIENES QUE PASAR PÁGINA DE UNA VEZ.
¿Acaso crees que lo que piensan los demás de ti cambiará el modo en que piensas tú de ti misma? ¿Por eso te esfuerzas tanto en agradar? Llevas años intentando cosechar amistades que te sostengan cuando tú no puedes hacerlo PERO NO TE HA SERVIDO DE NADA. HAS ANTEPUESTO A LOS DEMÁS SOBRE TI Y NO HAS CONSEGUIDO NADA, NI QUE ELLOS ESTÉN A SALVO NI ESTARLO TÚ.
Y LO PEOR DE TODO ES QUE EN EL FONDO LO SABÍAS PERO NO QUERÍAS CREERLO.
Siempre lo supiste, pero no quisiste creerlo. Te habrías ahorrado gran cantidad de esfuerzos y energías intentando estar con quienes nunca están contigo. ¿Dónde están ellos AHORA, eh? ¿Donde está ella? ¿Y él? SE FUERON. SE PUTO FUERON Y NO LES IMPORTÓ TODO LO QUE HABÍAS HECHO POR ELLOS. ¿Qué hay de la otra? ¿Vas a seguir justificandola? Has estado ahí para ella siempre que te lo ha pedido y cuando no te lo pidió. SALISTE CORRIENDO A LA MÍNIMA Y ELLA HIZO LO QUE LE DIO LA GANA DESPUÉS. TE HA DEJADO TIRADA MÁS VECES DE LAS QUE PUEDES RECORDAR. Pero claro, tu necesidad de ella es más fuerte que tu sentido común. Date cuenta muchacha, nadie está ahí para ti. Deberías dejar de estar allí para ellos. Pero no lo harás, sabemos tu y yo, que no lo harás. Estarás ahí, aunque te duela, aunque de lleves una decepción tras otra, porque necesitas alimentarte de esos fugaces momentos en los que sientes que vales para algo, en los que crees que como los demás pueden contar contigo, tú también podrás contar con ellos algún día. Pero no es así. Porque lo único que les importa son ellos mismos. Estar bien ellos. Que les cuiden y que les quieran. No se preocupan por cuidar o querer a otros. Ahora si quieres vete a tu rincón a llorar, sabiendo que después saldrás, y seguirás actuando igual. 

martes, 8 de octubre de 2019

L. La suerte que tengo.

Tengo ganas de llorar. He hecho lo estoy haciendo. No puedo creerme la suerte que he tendido.
Vivimos en un mundo raro, en una época rara, y peligrosa. Hace unos días se lanzó una aplicación que escaneando el código de barras de productos alimenticios te dice si estos son o no saludables. Esto obviamente tuvo controversia. Unos pensaron que podía ser una herramienta útil para cuidar su alimentación y estar más sanos, pero otros, pensaron que podía ser potencialmente peligrosa en una era de culto al cuerpo, preocupación exagerada por "lo saludable", fitness etc. Hoy estaba viendo vídeos en YouTube y encontré uno en el una chica contaba como el mundo de las dietas y el fitness habían hecho que tuviese problemas en su manera de alimentarse, y entonces me fue cuando me di cuenta de la suerte que he tenido de, como parte de mi tratamiento por el TCA, haber recibido terapia nutricional. Y aquí estoy, llorando de lo afortunada que me siento. Gracias a lo que mi nutricionista (que también estudió ciencia y tecnología de los alimentos) me ha enseñado me siento a salvo de un mundo tristemente obsesionado y trastornado. Que si el real-food, que si el azúcar, que si el fitness, que si los alimentos ultraprocesados... Tengo la sensación de que muchas personas tienen una relación insana con la comida, y no necesariamente porque quieran estar delgados. Me parece que con tanta búsqueda de un cuerpo sano se olvidan de lo importante que es también cuidar de la salud psicológica. Aunque no es sencillo no dejarse llevar, no dejarse influenciar por lo que vemos en redes sociales, en la televisión etc, sobre todo cuando no se tiene punto de vista crítico.
Si tuviese que destacar lo más importante de todo lo que me ha enseñado mi nutricionista sería a comer con equilibrio. Tenerle asco, miedo, o incluso aversión a cierto tipo de alimentos porque los consideramos no saludables me parece exagerado. Las hamburguesas del McDonald's no son saludables, pero si te comes una cada quince días no te a generar problemas cardiovasculares. Además, que ya nos conocemos, que si además de estar sanos conseguimos estar delgados, decir que no cierto tipo de alimentos es mucho más fácil.
Hace tiempo, cuando se mencionaba la ortorexia, me daba la sensación de que se estaba sobrepatologizando, pero ahora me doy cuenta de que no. Y lo peor es que se fomenta. Gurus del fitness en Instagram con millones de seguidores, invitando a otros a hacer tal o dejar de comer cual, y ¿para qué? Con lo guay que es encontrar un deporte que te guste al que vayas por diversión y no por obligación. Porque a ver, siendo sincera, yo no he visto a nadie decir que se lo ha pasado genial después de hacer 15 abdominales y 30 sentadillas. Cuando yo hacía zumba si que salía de las clases contenta y diciendo que lo había pasado bien bailando. ¿Y eso de irte al Domino's a celebrar el cumpleaños de tu amiga y pasar un buen rato hablando y riendo juntos? A mí me parece un planazo, sinceramente.
Mi madre me contó una vez que una psicologa en el cursillo que daba en la asociación a los padres con hijos con TCA les decía que tenían que enseñar a sus hijos a llevar una dieta equilibrada, porque comer una ensalada, una pechuga y una manzana es saludable, pero no equilibrado. Los motivos por los cuales alguien con TCA quiere comer eso son obvios, pero aunque es saludable desde el punto de vista nutricional, no habrá que salga de su zona de confort alimentaria y se enfrente a los alimentos que teme consumir.
Ojalá no fuese yo aquí la afortunada porque todo el mundo tuviese acceso a una educación nutricional adecuada para que su relación con la comida fuese, en este caso sí, saludable.

sábado, 21 de septiembre de 2019

XLIX. Pertenencia y potenciación personal.

En la asignatura de Introducción a la Psicología Social, a pesar de que la suspendí, me sirvió para darme cuenta de algo. Mis problemas de salud mental no sólo me hacen sentirme "parte de algo", también hacen que me sienta "diferente del resto". Durante una de las primeras clases de esta asignatura, la profesora nos habló de los motivos sociales universales, que la psicóloga Susan Fiske propuso, y que según su teoría impulsan a las personas a vivir en comunidad e interaccionar. Estos motivos sociales universales son: pertenecia, confianza, control, potenciación personal y comprensión, pero los que más me llamaron a mí la atención fueron los de pertenencia y potenciación personal.
Desde hace mucho tiempo, al menos un par de años, sé que, padecer el TCA, ha hecho que me sienta parte de un grupo, y es raro porque, a mi alrededor, en mi entorno más cercano, no hay otras personas que hayan padecido ese mismo trastorno. Es como cuando eres gay y te sientes parte del colectivo LGTB, te sientes parte de algo grande, incluso poderoso e importante. Sientes que tienes algo que reivindicar, junto con otro gran puñado de personas en todo el mundo que comparte contigo una única característica. Eso me pasa a mí, sobretodo con el TCA. Siento que comparto algo con alguien, y es extraño, porque no es necesariamente algo bueno. Sin embargo me resistí durante un tiempo a abandonar ese grupo, el grupo de personas con ese trastorno. Al principio, cuando hablaba de ello decía que estaba recuperada en un ochenta por ciento, porque me gustaba que por ese otro veinte por ciento restante siguiese estando en ese grupo.
Lo que me ocurre con el motivo social de potenciación personal no fui consciente de ello hasta hace poco. Y es que, todo lo que tiene que ser con mis trastornos mentales, cono ir a terapia o tomar psicifarmacos, hacen que me sienta diferente de las personas que están en mi círculo, y eso en cierto modo me gusta. Hace años, cuando estaba con síntomas, cuando mis pensamientos me hacían daño y sufría a más no poder, sentía una vergüenza inmensa y sentía que daría lo que fuera por ser como el resto. Pero ahora que mis trastornos no me molestan de tal modo en que me impidan el desarrollo "normal" de mi vida, ya no me siento así. Mi madre me dijo una vez una cosa. Dijo que le daba la impresión de que alardeaba de mis problemas de salud mental, como si me sintiese orgullosa de ellos. En aquel momento lo negué por completo, y le dije que hablaba de ello con naturalidad porque estaba intentando restarles importancia, para que dejasen de ser mi oscuro secreto para ser simplemente algo más por lo que he pasado y punto. Pero cuando estoy con mis amigos a veces dejo caer un "pues hoy se me ha olvidado tomarme las pastillas" o "la semana que viene me toca con la nutricionista", y lo hago para que no se les olvide que aún tomo pastillas, o que aún tengo que ir a terapia. Y me parece mezquino y patético por mi parte. No estoy muy segura de qué es lo que espero por su parte. Supongo que simplemente quiero atención. Sin embargo les rechazo cuando necesito ayuda. Mis amigos neurotípicos, que son a los que más veo, son los últimos a los que recurriría si estuviese de bajón por algo de la trico, la depresión, la ansiedad o el tca. Nunca les pido ayuda con eso porque siento que no lo entenderán, y que no sabrán como ayudarme.
Sentimiento de pertenencia y potenciación personal, eso es lo que me aporta algo que supuestamente solo debería traerme ya malos recuerdos. Pero no es así. Me gusta sentirme cerca de personas a las que tengo lejos, y me gusta sentirme lejos de peronas que tengo cerca. Incomprensible.

viernes, 9 de agosto de 2019

XLVIII. Biblioteca.

Desde hace varias semanas vengo a la biblioteca a pasear los apuntes. Mi madre se enfadó conmigo en julio por no estar estudiando, y desde entonces vengo a la biblioteca para que crea que estoy estudiando, pero en realidad me pongo mirar redes sociales, escuchar música o me voy a casa de una amiga que vive cerca de la biblioteca.
No tengo ganas, esa es la verdad, lo que no entiendo es por qué me comporto así. Voy a decepcionar a mi madre, que me está pagando la carrera en Almería, que trabaja de lunes a domingo en verano, por mí, y yo soy incapaz de cumplir con la que es mi puta responsabilidad.
No me merece, ella se merece a alguien mejor. Y yo tampoco me la merezco a ella. Es demasiado buena para mí.
No se si es una cuestión de fuerza de voluntad, de sentido de la disciplina, de responsabilidad, de motivación o de qué, pero he vuelto a tomarme la medicación por si me ayudase a centrarme y dejar de procrastinar. Pero los antidepresivos tardan un tiempo en hacer efecto, y tiempo es precisamente lo que no tengo. El día 2 de septiembre tengo el primer examen, y no me sé absolutamente nada.
Hoy quería pasarme por la librería para imprimir más apuntes, pero estaba cerrada. Tendría que haber ido esta mañana, pero me dió pereza levantarme. Y mañana es sábado, lo que significa que mi madre trabaja, no estará en casa, y no tendré esa presión para venir a la biblioteca, otro día de estudio perdido.
Como apruebe será un milagro, y como suspenda no sé cómo voy a tener el valor de mirar a mi madre a la cara.
Esta es mi carrera soñada, estudiar psicología es lo que llevo queriendo desde bachillerato, y ahora que estoy haciendo lo que quiero, no me esfuerzo en absoluto.
No tenía grandes espectativas en el curso pasado, más bien tenía miedo y estaba preocupada. Salvo lo académico, lo demás creo que fue bien. Pero lo académico es lo más importante, y también lo más difícil.

lunes, 24 de junio de 2019

XLVII. Un lujo.

Un lujo. Así describió mi padre hoy el tratamiento que he estado recibiendo desde abril del 2013 hasta la actualidad por los problemas de salud mental que padezco.
Esta mañana teníamos un juicio, en el que demandábamos a mi padre para aumentase la manutención que paga por mis hermanos y por mí. Para tal reclamación adjuntamos los recibos de numerosos gastos que tenemos mis hermanos y yo durante el mes, uno de ellos, mi tratamiento en una asociación que especializada en tratar trastornos de la conducta alimentaria.
Cusndo mi madre salió de la sala en la que se celebraba el juicio se acercó a mi hermana y a mí, que estábamos esperando fuera, y lo primero que me dijo, fue que mi padre había dicho que no estaba de acuerdo en pagar su parte de mi tratamiento porque le parecía un lujo. Un lujo. Según él yo debería haber recibido tratamiento en la seguridad social, no en una "clínica" privada. Qué ingenuo, no sabe que no es una clínica donde recibo el tratamiento, sino en una asociación. Y no lo sabe a pesar de que él me ha llevado a las terapias muchas veces. En fin.
Estoy dolida, y decepcionada, y triste. Me ha sentado muy mal que dijese eso, porque pone en evidencia su profunda ignorancia y su desinterés y despreocupación por mí. No le importa en absoluto mi bienestar. Prefiere ahorrarse el dinero.
Estoy triste. Porque a mi padre no me importo, porque a mi padre le doy igual. Pocas cosas podría haber dicho que me hiciesen daño, pero seguramente haya dicho lo que más daño podía hacerme. Porque decir que mi tratamiento es un lujo es decir que mi bienestar es un lujo. Es decir que no merezco un tratamiento de calidad, adecuado a mis necesidades, específico para mis trastornos. Es decir que que yo esté aquí hoy, viva y sana, es un lujo. Un lujo es algo que no es necesario, un capricho. Vivir no es un capricho, la salud no es un capricho, el bienestar no es un capricho. Son necesarios, aunque mi padre no lo vea así.

jueves, 9 de mayo de 2019

XLVI. Adiós bache.

Desde principios de año estuve sintiéndome bastante triste y apática sin ninguna razón aparente y por fin ahora puedo decir que estoy saliendo del bache. Cinco puntos meses, en los que mientras la vida avanzaba yo me quedaba tirada en la cama mirandola pasar, pero desde hace un par de semanas, he empezado a caminar con ella también, y eso me pone muy contenta.
En la sesión con mi psicóloga que tuve durante la Semana Santa pude ponerle nombre a lo que me había pasado, estaba en un periodo adaptativo (muy mal llevado, obviamente), y eso me dejó más tranquila. También durante la Semana Santa pude ponerme al día con las prácticas de la universidad, y tratar un plan de estudio para prepararme los exámenes del segundo cuatrimestre, que son en junio. Aunque he de admitir que no lo he estado siguiendo al dedillo eso no me ha sumido en un estado de ánimo depresivo, sino que me he estado sintiendo muy cómoda en el piso sin hacer nada, o haciendo poco. No tengo ni la menor idea de qué es lo que ha cambiado para que ahora me sienta bien, pero me gusta, voy a clase clase con más ganas y falto menos, he hecho los test de autoevaluación, estoy más sociable y tengo menos tendencia a aislarme, en definitiva, me siento bien. Y ya era hora, porque después de cuatro meses ya tocaba sentirme bien. Estoy encantada. Tengo que ponerme las pilas con el temario de los exámenes, pero no estoy ansiosa ni me siento culpable por ir atrasada. Creo que alguna asignatura conseguiré aprobar, y en septiembre, cuando me presente a las de el primer cuatrimestre, se habrá acabado oficialmente mi primer año estudiando psicología. La verdad es que lo pienso y me digo: QUÉ LOCURA. Estoy maravillada, sinceramente. He pasado un año académico en un piso de estudiante, lejos de mi familia y amigos, estudiando una carrera que tenía mil ganas de conocer. He tenido dificultades, pero las he superado, y no me he rendido.

viernes, 8 de marzo de 2019

XLV. Miedo de lo que soy.

Tengo miedo, miedo de lo que soy. Acabo de tomar conciencia, lo cual creo que es el primer paso para superarlo. Soy muchas cosas, pero una de ellas, y por la que siento miedo, es por ser feminista.
Me escondo, evito la confrontación. Cuando veo a alguien malinterpretado el feminismo, tergiversado su más pura esencia, me duele, y aunque me duele, me callo. No digo nada, no intervengo. Lo dejo correr, a pesar de que me gustaría no callarme, tomar mis argumentos y salir a esa tierra de nadie que separa opiniones contrapuestas, a debatir con alguien que opina de manera diferente a la mía.
El machismo y la violencia de género son algo que ha condicionado mi vida. Si bien al principio yo no era consciente de ello, cuando tenía unos trece años conocí una de las caras más feas de esa vulneración de nuestros derechos, cuando mi padre eferció la violencia física contra mi madre por primera vez. Antes de eso, hubo violencia psicología, violencia sexual y violencia económica, pero fue entonces cuando mi madre decidió pedir el divorcio y denunciar. Y aún habiendo sufrido el machismo y la violencia, no sólo en el seno de mi familia, sino también en mis propias carnes, me sentía cohibida e incluso me daba cierta vergüenza admitir en público o delante de personas a las que no conozco íntimamente que soy feminista.
Pero creo que ya he tenido suficiente, no soy yo quien debería sentir vergüenza o miedo, son los machistas. Una vez mi madre me dijo que el miedo tenía que cambiar de bando, y pasar de estar en el bando de las mujeres para estar en el bando de los machistas. No quiero seguir teniendo miedo, quiero defender mis ideales y mis valores, porque creo que son los correctos. Quiero que todo el mundo se entere de que estoy harta de esconderme. Los miedos se superan enfrentandolos, y por eso, hoy, quiero dar un primer paso.

martes, 19 de febrero de 2019

XLIV. Desanimada y alicaída.

Estoy tan desanimada que no me apetece ni escribir. Parece que me he quedado sin palabras. Y eso que las cosas no siquiera van mal, hay dificultades normalitas, pero nada que justifique este estado de ánimo mío tan alicaído. Si pudiese me pasaría el día entero durmiendo, no tengo interés ni motivación por nada, quisiera meterme en la cama y quedarme allí hasta que tenga de nuevo ganas de, como mínimo, seguir viviendo. No pido estar contenta y animada, con encontrar las fuerzas necesarias para ir tirando me conformo. Pensaba que volver a clase y tener interacción diaria con otras personas me ayudaría, pero no parece estar haciendo nada. Tal vez sea cosa de la medicación, la cual me la todo a veces sí y a veces no. Debería ser más constante con ella, lo sé, pero como hay días que me levanto tarde y no desayuno no siempre me la tomo.
Por más que busco no encuentro ningún aliciente, nada que me motive. Hago las cosas sin poner interés en ellas, solo las hago porque tengo que hacerlas.

sábado, 2 de febrero de 2019

XLIII. Mal día de cuerpo.

El otro día me dí cuenta de una cosa, de que estoy rechoncha.
Me hacía mucha ilusión hacerme una sesión de fotos en lencería, quería estar bonita y sentirme sexy, pero el resultado no fue el que yo esperaba. Michilines, mollas, grasa... Eso fue lo que me encontré en las fotografías. Y, como era de esperar, me ha despertado pensamientos de restringir para estar más delgada. Me siento gorda y culpable, como si este cuerpo hubirse sido decisión mía, como si yo fuese la responsable de haberme dejado tanto, de haber engordado tanto. Tengo un cuerpo feo, que podría parecer bonito escondido debajo de ropa bonita, pero la ropa interior bonita no es suficiente para esconder todos los defectos.
No me veo representada en ninguna parte, ni en películas o series, ni en programas de televisión, ni en revistas, en ninguna parte. Tengo un cuerpo feo, y nadie quiere ver un cuerpo feo. He perdido la poca confianza que tenía en mi misma, se ha esfumado. Me siento como muy pocas veces en mi vida me he sentido, me siento gorda. Es cierto que durante el TCA yo no tenía una dismorfia desmesurada, pero no me veía tan mal como me veo ahora. Gorda. Me doy asco, soy una bola de sebo. Pero restringir supondría volver a tener síntomas de TCA, y como no quiero pesarme, por miedo a lo que la báscula pueda decirme, no es una opción que me atraiga. La otra opción es resignarme, hacerme a la idea de que no puedo tener un cuerpo bonito y punto y final. Imagino que más vale estar rechoncha y no sufrir, a ser delgada y vi ir sufriendo. Pero me da pena, no poder tener eso que otras personas tienen, un cuerpo sexy y bonito, delgado. En realidad creo que no estoy pidiendo mucho.
Me siento débil, débil e incapaz. Hace años me saltaba comidas como si tal cosa, pero hoy paso un hambre de cuatro pares de narices.
Un pensamiento perturbador se me ha pasado por la cabeza: "soy una mala enferma". Como si alguien pudiese ser eso, ser un enfermo no válido. En realidad, no sé ni por qué me siento así, si no siquiera tengo síntomas, solo pensamientos.
Les tengo envidia, a todas ellas. Son bonitas y delgadas, pueden llevar ropa sexy que les queda bien sin dar asco, y yo no. Es una ilusión, pretendo ser quien no soy, como no soy. 42/44, ¿se puede dar más asco? ¡Y lo peor es que tengo un cuerpo amorfo! Seguro que hay personas super sexy con esa misma talla, pero no es mi caso. No es por la talla, es por mí. Soy yo lo que falla. Es por mí. Yo soy el problema. Mediocre, prescindible, reemplazable...

jueves, 17 de enero de 2019

XLII. Plof.

Últimamente estoy tan plof que no tengo ganas ni de escribir. Debería estar estudiando, tengo los exámenes a los que me voy a presentar a primeros de febrero y aun no he empezado, ni siquiera me he impreso los power point de los temas.
Estoy muy desanimada, pero no me encuentro mal. Quiero decir, no estoy triste ni apenada, no tengo dolor emocional, ni estoy apática, simplemente estoy, eso, desanimada. Estoy pasando muchísimo tiempo en la cama, más o menos el 97% del tiempo estoy metida en la cama, solo salgo para comer e ir al baño, pero no a asearme, porque llevo desde el domingo sin darme una ducha. No me he saltado la medicación, y estoy comiendo bien, pero eso es todo. Ah, y no me estoy arrancando el pelo, un aplauso para mí, por favor.
Quiero volver a mi casa. Estar sola en el piso de Almería me consume lentamente. Espero que cuando acabe los exámenes y empiecen las clases no me pase esto.
Me aburro, ojalá tener a alguien a quien poder hablar sin sentir que voy a molestar. Alguien como ella, o como él. Ojalá no me hubieseis abandonado.
Llevo horas dando vueltas en la cama sin saber qué hacer. Qué ganas tengo de volver a mi casa, aunque sea para madrugar todos los días e irme a la biblioteca a estudiar.
Cuanto más pienso, peor me siento, así que voy a dejarlo por hoy. Mañana vuelvo a mi casa, por fin.