viernes, 9 de agosto de 2019

XLVIII. Biblioteca.

Desde hace varias semanas vengo a la biblioteca a pasear los apuntes. Mi madre se enfadó conmigo en julio por no estar estudiando, y desde entonces vengo a la biblioteca para que crea que estoy estudiando, pero en realidad me pongo mirar redes sociales, escuchar música o me voy a casa de una amiga que vive cerca de la biblioteca.
No tengo ganas, esa es la verdad, lo que no entiendo es por qué me comporto así. Voy a decepcionar a mi madre, que me está pagando la carrera en Almería, que trabaja de lunes a domingo en verano, por mí, y yo soy incapaz de cumplir con la que es mi puta responsabilidad.
No me merece, ella se merece a alguien mejor. Y yo tampoco me la merezco a ella. Es demasiado buena para mí.
No se si es una cuestión de fuerza de voluntad, de sentido de la disciplina, de responsabilidad, de motivación o de qué, pero he vuelto a tomarme la medicación por si me ayudase a centrarme y dejar de procrastinar. Pero los antidepresivos tardan un tiempo en hacer efecto, y tiempo es precisamente lo que no tengo. El día 2 de septiembre tengo el primer examen, y no me sé absolutamente nada.
Hoy quería pasarme por la librería para imprimir más apuntes, pero estaba cerrada. Tendría que haber ido esta mañana, pero me dió pereza levantarme. Y mañana es sábado, lo que significa que mi madre trabaja, no estará en casa, y no tendré esa presión para venir a la biblioteca, otro día de estudio perdido.
Como apruebe será un milagro, y como suspenda no sé cómo voy a tener el valor de mirar a mi madre a la cara.
Esta es mi carrera soñada, estudiar psicología es lo que llevo queriendo desde bachillerato, y ahora que estoy haciendo lo que quiero, no me esfuerzo en absoluto.
No tenía grandes espectativas en el curso pasado, más bien tenía miedo y estaba preocupada. Salvo lo académico, lo demás creo que fue bien. Pero lo académico es lo más importante, y también lo más difícil.

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