Tengo ganas de llorar. He hecho lo estoy haciendo. No puedo creerme la suerte que he tendido.
Vivimos en un mundo raro, en una época rara, y peligrosa. Hace unos días se lanzó una aplicación que escaneando el código de barras de productos alimenticios te dice si estos son o no saludables. Esto obviamente tuvo controversia. Unos pensaron que podía ser una herramienta útil para cuidar su alimentación y estar más sanos, pero otros, pensaron que podía ser potencialmente peligrosa en una era de culto al cuerpo, preocupación exagerada por "lo saludable", fitness etc. Hoy estaba viendo vídeos en YouTube y encontré uno en el una chica contaba como el mundo de las dietas y el fitness habían hecho que tuviese problemas en su manera de alimentarse, y entonces me fue cuando me di cuenta de la suerte que he tenido de, como parte de mi tratamiento por el TCA, haber recibido terapia nutricional. Y aquí estoy, llorando de lo afortunada que me siento. Gracias a lo que mi nutricionista (que también estudió ciencia y tecnología de los alimentos) me ha enseñado me siento a salvo de un mundo tristemente obsesionado y trastornado. Que si el real-food, que si el azúcar, que si el fitness, que si los alimentos ultraprocesados... Tengo la sensación de que muchas personas tienen una relación insana con la comida, y no necesariamente porque quieran estar delgados. Me parece que con tanta búsqueda de un cuerpo sano se olvidan de lo importante que es también cuidar de la salud psicológica. Aunque no es sencillo no dejarse llevar, no dejarse influenciar por lo que vemos en redes sociales, en la televisión etc, sobre todo cuando no se tiene punto de vista crítico.
Si tuviese que destacar lo más importante de todo lo que me ha enseñado mi nutricionista sería a comer con equilibrio. Tenerle asco, miedo, o incluso aversión a cierto tipo de alimentos porque los consideramos no saludables me parece exagerado. Las hamburguesas del McDonald's no son saludables, pero si te comes una cada quince días no te a generar problemas cardiovasculares. Además, que ya nos conocemos, que si además de estar sanos conseguimos estar delgados, decir que no cierto tipo de alimentos es mucho más fácil.
Hace tiempo, cuando se mencionaba la ortorexia, me daba la sensación de que se estaba sobrepatologizando, pero ahora me doy cuenta de que no. Y lo peor es que se fomenta. Gurus del fitness en Instagram con millones de seguidores, invitando a otros a hacer tal o dejar de comer cual, y ¿para qué? Con lo guay que es encontrar un deporte que te guste al que vayas por diversión y no por obligación. Porque a ver, siendo sincera, yo no he visto a nadie decir que se lo ha pasado genial después de hacer 15 abdominales y 30 sentadillas. Cuando yo hacía zumba si que salía de las clases contenta y diciendo que lo había pasado bien bailando. ¿Y eso de irte al Domino's a celebrar el cumpleaños de tu amiga y pasar un buen rato hablando y riendo juntos? A mí me parece un planazo, sinceramente.
Mi madre me contó una vez que una psicologa en el cursillo que daba en la asociación a los padres con hijos con TCA les decía que tenían que enseñar a sus hijos a llevar una dieta equilibrada, porque comer una ensalada, una pechuga y una manzana es saludable, pero no equilibrado. Los motivos por los cuales alguien con TCA quiere comer eso son obvios, pero aunque es saludable desde el punto de vista nutricional, no habrá que salga de su zona de confort alimentaria y se enfrente a los alimentos que teme consumir.
Ojalá no fuese yo aquí la afortunada porque todo el mundo tuviese acceso a una educación nutricional adecuada para que su relación con la comida fuese, en este caso sí, saludable.
martes, 8 de octubre de 2019
L. La suerte que tengo.
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