jueves, 9 de mayo de 2019

XLVI. Adiós bache.

Desde principios de año estuve sintiéndome bastante triste y apática sin ninguna razón aparente y por fin ahora puedo decir que estoy saliendo del bache. Cinco puntos meses, en los que mientras la vida avanzaba yo me quedaba tirada en la cama mirandola pasar, pero desde hace un par de semanas, he empezado a caminar con ella también, y eso me pone muy contenta.
En la sesión con mi psicóloga que tuve durante la Semana Santa pude ponerle nombre a lo que me había pasado, estaba en un periodo adaptativo (muy mal llevado, obviamente), y eso me dejó más tranquila. También durante la Semana Santa pude ponerme al día con las prácticas de la universidad, y tratar un plan de estudio para prepararme los exámenes del segundo cuatrimestre, que son en junio. Aunque he de admitir que no lo he estado siguiendo al dedillo eso no me ha sumido en un estado de ánimo depresivo, sino que me he estado sintiendo muy cómoda en el piso sin hacer nada, o haciendo poco. No tengo ni la menor idea de qué es lo que ha cambiado para que ahora me sienta bien, pero me gusta, voy a clase clase con más ganas y falto menos, he hecho los test de autoevaluación, estoy más sociable y tengo menos tendencia a aislarme, en definitiva, me siento bien. Y ya era hora, porque después de cuatro meses ya tocaba sentirme bien. Estoy encantada. Tengo que ponerme las pilas con el temario de los exámenes, pero no estoy ansiosa ni me siento culpable por ir atrasada. Creo que alguna asignatura conseguiré aprobar, y en septiembre, cuando me presente a las de el primer cuatrimestre, se habrá acabado oficialmente mi primer año estudiando psicología. La verdad es que lo pienso y me digo: QUÉ LOCURA. Estoy maravillada, sinceramente. He pasado un año académico en un piso de estudiante, lejos de mi familia y amigos, estudiando una carrera que tenía mil ganas de conocer. He tenido dificultades, pero las he superado, y no me he rendido.

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