viernes, 8 de marzo de 2019

XLV. Miedo de lo que soy.

Tengo miedo, miedo de lo que soy. Acabo de tomar conciencia, lo cual creo que es el primer paso para superarlo. Soy muchas cosas, pero una de ellas, y por la que siento miedo, es por ser feminista.
Me escondo, evito la confrontación. Cuando veo a alguien malinterpretado el feminismo, tergiversado su más pura esencia, me duele, y aunque me duele, me callo. No digo nada, no intervengo. Lo dejo correr, a pesar de que me gustaría no callarme, tomar mis argumentos y salir a esa tierra de nadie que separa opiniones contrapuestas, a debatir con alguien que opina de manera diferente a la mía.
El machismo y la violencia de género son algo que ha condicionado mi vida. Si bien al principio yo no era consciente de ello, cuando tenía unos trece años conocí una de las caras más feas de esa vulneración de nuestros derechos, cuando mi padre eferció la violencia física contra mi madre por primera vez. Antes de eso, hubo violencia psicología, violencia sexual y violencia económica, pero fue entonces cuando mi madre decidió pedir el divorcio y denunciar. Y aún habiendo sufrido el machismo y la violencia, no sólo en el seno de mi familia, sino también en mis propias carnes, me sentía cohibida e incluso me daba cierta vergüenza admitir en público o delante de personas a las que no conozco íntimamente que soy feminista.
Pero creo que ya he tenido suficiente, no soy yo quien debería sentir vergüenza o miedo, son los machistas. Una vez mi madre me dijo que el miedo tenía que cambiar de bando, y pasar de estar en el bando de las mujeres para estar en el bando de los machistas. No quiero seguir teniendo miedo, quiero defender mis ideales y mis valores, porque creo que son los correctos. Quiero que todo el mundo se entere de que estoy harta de esconderme. Los miedos se superan enfrentandolos, y por eso, hoy, quiero dar un primer paso.

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