¿Por qué no pude olvidarte? ¿Por qué me abandonaste? ¿Por qué aún me dueles? ¿Por qué no luchaste? ¿Por qué me superaste?
Desde que nos fuimos a pique no he podido salir a flote. Desde que nos marchitamos no he vuelto a florecer.
¿Era acaso todo un espejismo? ¿Es que en realidad no fuimos lo que yo creí que éramos? ¿Fue acaso culpa mía? Yo creo que no lo fue, y siempre he culpado a tu alterada percepción por no culparte directamente a tí.
¿Es que no llegamos a existir? ¿O es que fue todo una mentira?
Nunca quise a un amigo más que a tí, nunca sentí algo tan intenso por otra persona. Nos confundían con novias de tanto que nos queríamos.
He vivido desde entonces entre el rechazo y la necesidad, no sabiendo si te rechazaba o si te rehuía.
Tal vez te hayas convertido en una obsesión, como tantas otras que he tenido.
Tal vez seas ese fantasma que va a seguirme para siempre, resurgiendo una y otra vez en mi memoria sin permitirme olvidarte ni avanzar. Sin permitirme cerrar la última página de ese trágico capítulo cuyo final me atrevo a aceptar.
Dicen que la vida da muchas vueltas, pero de tantas que ha dado yo ya estoy mareada.
Hice tantas tonterías cuando me dejaste, dejando alterada mi percepción de la realidad, desesperada por encontrar otra persona que me quisiera como tú, a la que querer tanto como a tí.
Quizás pensaste que me ayudabas alejándome de tí, pero me dejaste un trauma por abandono y delirios de soledad que me hicieron cometer una buena cantidad de estupideces.
Eres la astilla en mi malherido corazón, esa que no dejo de toquetear, que no sé si quiero arrancar, de la que me he quedado prendada.
Te dije que te amaba, porque decir te quiero no reflejaba la intensidad de mis sentimientos hacia tí.
Me dijo que me reconstruiría, pero lo que hizo fue derruirme.
Desde que nos fuimos a pique no he podido salir a flote. Desde que nos marchitamos no he vuelto a florecer.
¿Era acaso todo un espejismo? ¿Es que en realidad no fuimos lo que yo creí que éramos? ¿Fue acaso culpa mía? Yo creo que no lo fue, y siempre he culpado a tu alterada percepción por no culparte directamente a tí.
¿Es que no llegamos a existir? ¿O es que fue todo una mentira?
Nunca quise a un amigo más que a tí, nunca sentí algo tan intenso por otra persona. Nos confundían con novias de tanto que nos queríamos.
He vivido desde entonces entre el rechazo y la necesidad, no sabiendo si te rechazaba o si te rehuía.
Tal vez te hayas convertido en una obsesión, como tantas otras que he tenido.
Tal vez seas ese fantasma que va a seguirme para siempre, resurgiendo una y otra vez en mi memoria sin permitirme olvidarte ni avanzar. Sin permitirme cerrar la última página de ese trágico capítulo cuyo final me atrevo a aceptar.
Dicen que la vida da muchas vueltas, pero de tantas que ha dado yo ya estoy mareada.
Hice tantas tonterías cuando me dejaste, dejando alterada mi percepción de la realidad, desesperada por encontrar otra persona que me quisiera como tú, a la que querer tanto como a tí.
Quizás pensaste que me ayudabas alejándome de tí, pero me dejaste un trauma por abandono y delirios de soledad que me hicieron cometer una buena cantidad de estupideces.
Eres la astilla en mi malherido corazón, esa que no dejo de toquetear, que no sé si quiero arrancar, de la que me he quedado prendada.
Te dije que te amaba, porque decir te quiero no reflejaba la intensidad de mis sentimientos hacia tí.
Me dijo que me reconstruiría, pero lo que hizo fue derruirme.
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