En ocasiones la imagen que me devuelven los espejos me tortura. Me miro las piernas y no me gustan. Me aprietan algunos de mis pantalones y eso me asusta. Me comparo mucho, y es que en mi instituto hay unas piernas que tela...
Están en todas partes, en las revistas, la TV, los videoclips, todas las redes sociales y webs de fotografías que conozco. Y no puedo librarme de esas piernas que quiero pero no puedo tener. Hago las cosas mal y me decepciono a mí misma constantemente. A los demás no porque no lo saben, pero a mí no puedo ocultármelo.
Me da mucho miedo lo que puedan pensar de mí las personas a las que quiero. Para algunos soy un ejemplo a seguir y aunque no se den cuenta se equivocan al tenerme como ejemplo.
Me da mucho miedo esto. Mucho. Nunca lo quise así, nunca imaginé que sería tan malo. No quiero esta enfermedad, la odio, la detesto.
Lloro, no con ansiedad, sino con pena. Pena de mí misma por lo que me he convertido, pena por decepcionar a los que esperan lo mejor de mí y no reciben ni la mitad, pena por los que pasan por lo mismo que yo y me tienen por una chica fuerte y valiente que puede con todo y con todos, pena por todos a los que hice daño con mis palabras y actos llevados a cabo por la enfermedad.
Pero sobretodo pena de mí misma, la chica tierna, dulce y adorable que se convirtio en la chica fría, huraña y siniestra.
Y todo porque una parte de mí ha decidido destruirme, y yo le dí permiso, no opuse mucha resistencia. Esas sombras que ahora habitan en mí me han cambiado por completo.
De rainbow a darkness en poco más de tres meses.
Están en todas partes, en las revistas, la TV, los videoclips, todas las redes sociales y webs de fotografías que conozco. Y no puedo librarme de esas piernas que quiero pero no puedo tener. Hago las cosas mal y me decepciono a mí misma constantemente. A los demás no porque no lo saben, pero a mí no puedo ocultármelo.
Me da mucho miedo lo que puedan pensar de mí las personas a las que quiero. Para algunos soy un ejemplo a seguir y aunque no se den cuenta se equivocan al tenerme como ejemplo.
Me da mucho miedo esto. Mucho. Nunca lo quise así, nunca imaginé que sería tan malo. No quiero esta enfermedad, la odio, la detesto.
Lloro, no con ansiedad, sino con pena. Pena de mí misma por lo que me he convertido, pena por decepcionar a los que esperan lo mejor de mí y no reciben ni la mitad, pena por los que pasan por lo mismo que yo y me tienen por una chica fuerte y valiente que puede con todo y con todos, pena por todos a los que hice daño con mis palabras y actos llevados a cabo por la enfermedad.
Pero sobretodo pena de mí misma, la chica tierna, dulce y adorable que se convirtio en la chica fría, huraña y siniestra.
Y todo porque una parte de mí ha decidido destruirme, y yo le dí permiso, no opuse mucha resistencia. Esas sombras que ahora habitan en mí me han cambiado por completo.
De rainbow a darkness en poco más de tres meses.
Me gustaría mucho que alguien comentase en mis entradas, significaría mucho. :)
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