domingo, 25 de mayo de 2014

XVII. Sueños cumplidos y por cumplir.

A veces me gusta cerrar los ojos, y recordar. Recordar días mágicos, días memorables. Y cuando lo hago, hay veces en las que me concentro tanto en mis recuedos, que hay un momento en el que siento que estoy ahí. Que puedo revivir el momento de nuevo con absolutamente todos los detalles. Estoy hablando del día en el que los ví, el día en el que los ví por segunda vez en toda mi vida.
Take Me Home Tour de One Direction, grada numerada el día veintidos de mayo de dos mil trece, en el Estadio! Olímpico de Badalona, Barcelona.
Al salir de la boca del metro, hay gente por todas partes. Todos con camisetas de los chicos, sudaderas, banderas, pancartas, peluches y demás. Todo el mundo está eufórico, y el ambiente es único.
Tras un buen rato de búsqueda, avanzamos hacia el final de la kilométrica cola que parece no tener fin, con ayuda de unas chicas muy simpáticas ofreciéndose a dejarnos pasar, así saltándonos media cola. Yulia, una buena chica de preciosos ojos azules y una sonrisa muy contagiosa.
La cola avanza poco a poco, y los nervios aumentan a la vez que nos vamos acercando al estadio. Cantamos canciones, desafinando. Pero, ¿qué más da? Lo pasamos bien. No nos conocemos de nada, pero a la vez es como si nos conociéramos de toda la vida. Toda la gente es muy simpática, intercambiamos números de teléfono, redes sociales, y hasta abrazos.
Al fin llega el momento de entrar. Un segurata chequea nuestras entradas, y con un gesto nos invita a entrar al recinto. Saltamos, gritamos, lloramos y nos abrazamos. Estamos dentro.
Subimos unas enormes escaleras mecánicas sin a penas respiración, y a continuación recorremos un extenso pasillo todo lo rápido que nuestras piernas nos permiten.
Oímos música. Es Camryn, la telonera de los chicos. Corremos más aún para asegurarnos un buen sitio, cuando al fin entramos al recinto del concierto, pero para nuestra sorpresa, no está lleno. Aún.
Poco a poco, va entrando gente por todas las puertas, hasta llenar por fin el recinto.
Las luces se apagan, y los gritos comienzan. La vista es impresionante. Luces de colores por todas partes, banderas, pancartas iluminadas... Sinceramente, no tengo palabras para describir po que sentí en aquel momento. Fue simplemente impresionante. Tanta gente emocionada, unida por una misma razón, gritando, llorando, cumpliendo su sueño.
Suena una desagradable sirena, y todos los focos apuntan al escenario, mientras pienso; esta será la primera vez que los vea sin necesidad de tener una pantalla entre ellos y yo. Y de pronto, ahí están. Los cinco.
Mi corazón late a una velocidad sobrenatural, son exactamente tal y como me los imaginaba. Cantan Up All Night, seguida de muchas otras canciones que se me hacen cortísimas. Grito con todas mis fuerzas, y, a pesar del calor y de la sed, me da igual. Siento como que etoy soñando, como que nada es real. Están ahí, cantando, siendo ellos mismos y haciéndome sentir la persona más feliz sobre la faz de la tierra. Lloro con Moments, Little Things, More Than This, Over Again... En realidad lloro con todas. Puede que con algunas más que con otras, pero las lágrimas son inevitables.
Todo es mágico, estoy viviendo un sueño, flotando en una nube. Pero, por desgracia, todo lo bueno acaba.
Para cuando quiero darme cuenta, ya están cantando el estribillo de What Makes You Beautiful, también conocida como la última canción del setlist. Grito a todo pulmón, no quiero que esto acabe. Agarro fuerte de las manos a mis amigas, y las miro a los ojos, llorando. Ya no queda nada. Cogemos todo el aire que nuestros pulmones nos permiten, y cantamos la última estrofa de la última canción con lágrimas en los ojos y cogidas de las manos.
Poco a poco, vemos como todos y cada uno de los chicos van saliendo del escenario por unas trampillas colocadas justo en la parte central del escenario. Primero Louis, luego Zayn y después Liam, seguido de Harry. Niall es el último que queda sobre el escenario. Agitamos los brazos con todas nuestras fuerzas a la vez que gritamos 'gracias', mientras él lanza besos al público. Se da la vuelta, y baja por la trampilla dano un salto.
La música se para, las luces se encienden, y los gritos histéricos del público cesan para transformarse en sollozos incontrolables.
Abrazo a mis amigas muy fuerte y a sollozar con el resto del público, sollozos de alegría y gratitud.
Acabo de cumplir mi sueño.
De pronto abro los ojos, con lágrimas recorriendo mis mejillas, el corazón latiéndome a mil por hora, y me veo ahí. En el asiento del copiloto del coche, con el maletero cargado, mis dos mejores amigas en la parte de atrás, mi madre al volante, y en mi mano tres entradas para el Where We Are tour de One Direction, grada numerada el día diez de julio en el estadio Vicente Calderón de Madrid.
Releo por milésima vez la entrada. "Tribuna superior baja, puerta 51, sector 439, fila 4, asientos 3, 4 y 5".
Me seco las lágrimas con la mano, miro al frente, y sonrío.
Where We Are Tour, allá voy.

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