Hoy se celebra en todo el mundo el día de la salud mental, un día dedicado a la visibilización, sensibilización, desestigmatización, concienciación, prevención de las enfermedades mentales.
La primera vez que yo fui al psicólogo solo era una niña, y mi madre me llevó preocupada por un problema de conducta, el cual consistía en que yo me pasaba todo el día balanceandome hacia delante y había atrás cuando estaba sentada, y que para dormir me colocaba boca abajo y daba cabezazos contra la almohada. Iba a ver a la psicóloga de la seguridad social cada tres meses, y como el problema no se solucionó.
La ansiedad social ha estado presente en mi vida desde bien pequeña. Todos decían que yo era muy tímida, pero para mí, llamar la atención o hablar con alguien a quien no conocía me causaba auténtico terror. No sube que lo que todos, yo incluida, llamabamos timidez era en realidad problema de salud mental hasta muchos años más tarde.
La siguiente vez que los problemas de salud mental llegaron a mi casa no era yo quien los padecía, sino mi padre, a quien habían despedido del trabajo durante la crisis, y estuvo yendo al psicologo un tiempo por depresión y ansiedad.
La siguiente vez que fui yo la aquejada de estos problemas aún iba al colegio, y fue por ansiedad. Estábamos en una situación económica precaria y yo empecé a darme cuenta de ello. Además mis compañeros me hacían en vacío en clase. La ansiedad me probocaba una sensación de ahogo en la garganta muy desagradable. Cuando mi madre me llevó al pediatra este me mandó pruebas para el tiroides, las cuales dieron negativo, obviamente. Me mandaron homeopatía para calmar mi ansiedad.
Poco después, fue madre quien puso de nuevo sobre la mesa los trasnornos mentales, cuando tras pasar meses deprimida e intentar suicidarse, pasó quince días ingresada en una planta de psiquiatría, fue entonces cuando le diagnosticaron depresión recurrente.
Tras el divorcio de mis padres la psicóloga de la seguridad social nos pasó un test a mis hermanos y a mí, cuyos resultados desconozco, pero imagino que no serían preocupantes.
Una vez en mi nueva residencia, la casa de mis abuelos, cuando ya estaba en el instituto, empecé a estar muy alicaída, sin ganas de salir con mis amigos, pasaba todo el día en la cama delante de la televisión. Como era de esperar, caí en una depresión. Con el tiempo, empecé a perder la ilusión por todo, hasta el punto en que lo único que hacía era ir a clase a disgusto y dormir. El TCA, que vió la luz por primera vez en verano de 2012, no fue un problema preocupante hasta principios de 2013. Para cuando mi madre me llevó a ADANER, asociación especializada en el tratamiento de los TCA en mayo de 2013, mi vida ya era un completo desastre. Pasaba más tiempo dormida que despierta, me negaba en redondo a asistir a clase, estaba irritable y malhumorada o triste y apática, todo el día. Empecé a tomar antidepresivos y ansiolíticos en cuanto llegué a ADANER, que fueron combinados con terapia psicológica semanal. No tardé mucho en ir a terapia nutricional también.
Durante aquel horrible verano de 2012 había desarrollado una extraña afición a arrancarme el vello con pinzas de depilar, pero no perdí el control de mi tricotilomanía hasta 2014, cuando me arranqué por completo las cejas y me hice una enorme calva en la cabeza. Aunque mi psiquiatrae recetó medicación para controlar la tricotilomanía, no hubo manera de controlarla, y animada por mi madre, me corté el pelo para emparejar toda mi cabeza con las zonas calvas.
Durante los dos años siguientes estuve asistiendo regularmente a ver a mi nutricionista, mi psicóloga y mi psiquiatra, y además me uní a un grupo de autoayuda en el que pude conocer a muchas personas con TCA que me ayudaron mucho a salir adelante.
Poco a poco, mis síntomas de TCA fueron remitiendo, no ocurriendo lo mismo con la tricotilomanía, la cual siguió haciéndome sufrir varios meses más.
En verano de 2015, por fin, mi psicóloga decidió que estaba lo suficientemente bien como para pasar de ir a terapia cada semana a hacerlo cada quince días. Las cosas parecían ir a mejor. Aún así seguía teniendo dificultades para gestionar mis emociones y mis pensamientos, de manera que no dieran lugar a síntomas tanto de depresión, de TCA o de tricotilomanía. En octubre de 2017 pasé a mensual, y pasé de ir cada quince días a terapia para hacerlo una vez por semana.
Las cosas iban mejorando y cada vez que tenía que enfrentarme a un nuevo reto conseguía salir airosa de ellos. En la actualidad, sigo acudiendo a terapia con mi psicóloga, mi nutricionista y mi psiquiatra.
A lo largo de mi vida con enfermedades mentales, me he sentido constantemente juzgada. Desde el momento en que fui diagnosticada de depresión y TCA cayó sobre mí el miedo, la culpa y la vergüenza. La ignorancia y el desconocimiento de la sociedad hacen que padecer un problema de salud sea aún peor de lo que ya es de por sí. A día de hoy, ya no siento culpa, pero sí miedo y vergüenza, cuando le cuento a alguien que tengo problemas de salud mental siento como si me estuviese tirando a una piscina a ciegas, sin saber si está está llena o vacía. Me da cosa postear una foto en mi Instagram sobre salud mental por lo que puedan pensar los demás de mí, a pesar de que me encantaría hacerlo. Me siento vulnerable cuando comparto que he tenido TCA o tricotilomanía, porque son enfermedades que suelen ser muy desconocidas. La ignorancia de los demás me pesa, me hace sentir diferente. Durante años he estado cuestionandome a mí misma por tomar medicación, haciéndome sentir que valía menos que el resto por no ser capaz de tener un estado de ánimo estable sin la ayuda de pastillas, pero ahora ya no me cuestiono, ni me martirizo. Si la medicación me ayuda a estar mejor pues bendita sea.
Sé que llegará el día en que pueda decir que ya no tengo enfermedad mentales, pero la posibilidad de tener una recaida siempre va a estar ahí. Aprender a convivir con esa posibilidad se me hizo muy duro al principio, pero ahora sé que las recaídas a veces forman parte de la vida, y que no invalidan la recuperación.
miércoles, 10 de octubre de 2018
XXXVIII. Día Mundial de la Salud Mental
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