Querido diario...
martes, 19 de mayo de 2020
LV. Tu identidad.
lunes, 30 de marzo de 2020
LIV. Vínculo.
domingo, 29 de diciembre de 2019
LIII. Nuevo abandono.
domingo, 22 de diciembre de 2019
LII. "No deberías haberte sentido así." - J
lunes, 9 de diciembre de 2019
LI. From: Me To: Me
martes, 8 de octubre de 2019
L. La suerte que tengo.
Tengo ganas de llorar. He hecho lo estoy haciendo. No puedo creerme la suerte que he tendido.
Vivimos en un mundo raro, en una época rara, y peligrosa. Hace unos días se lanzó una aplicación que escaneando el código de barras de productos alimenticios te dice si estos son o no saludables. Esto obviamente tuvo controversia. Unos pensaron que podía ser una herramienta útil para cuidar su alimentación y estar más sanos, pero otros, pensaron que podía ser potencialmente peligrosa en una era de culto al cuerpo, preocupación exagerada por "lo saludable", fitness etc. Hoy estaba viendo vídeos en YouTube y encontré uno en el una chica contaba como el mundo de las dietas y el fitness habían hecho que tuviese problemas en su manera de alimentarse, y entonces me fue cuando me di cuenta de la suerte que he tenido de, como parte de mi tratamiento por el TCA, haber recibido terapia nutricional. Y aquí estoy, llorando de lo afortunada que me siento. Gracias a lo que mi nutricionista (que también estudió ciencia y tecnología de los alimentos) me ha enseñado me siento a salvo de un mundo tristemente obsesionado y trastornado. Que si el real-food, que si el azúcar, que si el fitness, que si los alimentos ultraprocesados... Tengo la sensación de que muchas personas tienen una relación insana con la comida, y no necesariamente porque quieran estar delgados. Me parece que con tanta búsqueda de un cuerpo sano se olvidan de lo importante que es también cuidar de la salud psicológica. Aunque no es sencillo no dejarse llevar, no dejarse influenciar por lo que vemos en redes sociales, en la televisión etc, sobre todo cuando no se tiene punto de vista crítico.
Si tuviese que destacar lo más importante de todo lo que me ha enseñado mi nutricionista sería a comer con equilibrio. Tenerle asco, miedo, o incluso aversión a cierto tipo de alimentos porque los consideramos no saludables me parece exagerado. Las hamburguesas del McDonald's no son saludables, pero si te comes una cada quince días no te a generar problemas cardiovasculares. Además, que ya nos conocemos, que si además de estar sanos conseguimos estar delgados, decir que no cierto tipo de alimentos es mucho más fácil.
Hace tiempo, cuando se mencionaba la ortorexia, me daba la sensación de que se estaba sobrepatologizando, pero ahora me doy cuenta de que no. Y lo peor es que se fomenta. Gurus del fitness en Instagram con millones de seguidores, invitando a otros a hacer tal o dejar de comer cual, y ¿para qué? Con lo guay que es encontrar un deporte que te guste al que vayas por diversión y no por obligación. Porque a ver, siendo sincera, yo no he visto a nadie decir que se lo ha pasado genial después de hacer 15 abdominales y 30 sentadillas. Cuando yo hacía zumba si que salía de las clases contenta y diciendo que lo había pasado bien bailando. ¿Y eso de irte al Domino's a celebrar el cumpleaños de tu amiga y pasar un buen rato hablando y riendo juntos? A mí me parece un planazo, sinceramente.
Mi madre me contó una vez que una psicologa en el cursillo que daba en la asociación a los padres con hijos con TCA les decía que tenían que enseñar a sus hijos a llevar una dieta equilibrada, porque comer una ensalada, una pechuga y una manzana es saludable, pero no equilibrado. Los motivos por los cuales alguien con TCA quiere comer eso son obvios, pero aunque es saludable desde el punto de vista nutricional, no habrá que salga de su zona de confort alimentaria y se enfrente a los alimentos que teme consumir.
Ojalá no fuese yo aquí la afortunada porque todo el mundo tuviese acceso a una educación nutricional adecuada para que su relación con la comida fuese, en este caso sí, saludable.
sábado, 21 de septiembre de 2019
XLIX. Pertenencia y potenciación personal.
En la asignatura de Introducción a la Psicología Social, a pesar de que la suspendí, me sirvió para darme cuenta de algo. Mis problemas de salud mental no sólo me hacen sentirme "parte de algo", también hacen que me sienta "diferente del resto". Durante una de las primeras clases de esta asignatura, la profesora nos habló de los motivos sociales universales, que la psicóloga Susan Fiske propuso, y que según su teoría impulsan a las personas a vivir en comunidad e interaccionar. Estos motivos sociales universales son: pertenecia, confianza, control, potenciación personal y comprensión, pero los que más me llamaron a mí la atención fueron los de pertenencia y potenciación personal.
Desde hace mucho tiempo, al menos un par de años, sé que, padecer el TCA, ha hecho que me sienta parte de un grupo, y es raro porque, a mi alrededor, en mi entorno más cercano, no hay otras personas que hayan padecido ese mismo trastorno. Es como cuando eres gay y te sientes parte del colectivo LGTB, te sientes parte de algo grande, incluso poderoso e importante. Sientes que tienes algo que reivindicar, junto con otro gran puñado de personas en todo el mundo que comparte contigo una única característica. Eso me pasa a mí, sobretodo con el TCA. Siento que comparto algo con alguien, y es extraño, porque no es necesariamente algo bueno. Sin embargo me resistí durante un tiempo a abandonar ese grupo, el grupo de personas con ese trastorno. Al principio, cuando hablaba de ello decía que estaba recuperada en un ochenta por ciento, porque me gustaba que por ese otro veinte por ciento restante siguiese estando en ese grupo.
Lo que me ocurre con el motivo social de potenciación personal no fui consciente de ello hasta hace poco. Y es que, todo lo que tiene que ser con mis trastornos mentales, cono ir a terapia o tomar psicifarmacos, hacen que me sienta diferente de las personas que están en mi círculo, y eso en cierto modo me gusta. Hace años, cuando estaba con síntomas, cuando mis pensamientos me hacían daño y sufría a más no poder, sentía una vergüenza inmensa y sentía que daría lo que fuera por ser como el resto. Pero ahora que mis trastornos no me molestan de tal modo en que me impidan el desarrollo "normal" de mi vida, ya no me siento así. Mi madre me dijo una vez una cosa. Dijo que le daba la impresión de que alardeaba de mis problemas de salud mental, como si me sintiese orgullosa de ellos. En aquel momento lo negué por completo, y le dije que hablaba de ello con naturalidad porque estaba intentando restarles importancia, para que dejasen de ser mi oscuro secreto para ser simplemente algo más por lo que he pasado y punto. Pero cuando estoy con mis amigos a veces dejo caer un "pues hoy se me ha olvidado tomarme las pastillas" o "la semana que viene me toca con la nutricionista", y lo hago para que no se les olvide que aún tomo pastillas, o que aún tengo que ir a terapia. Y me parece mezquino y patético por mi parte. No estoy muy segura de qué es lo que espero por su parte. Supongo que simplemente quiero atención. Sin embargo les rechazo cuando necesito ayuda. Mis amigos neurotípicos, que son a los que más veo, son los últimos a los que recurriría si estuviese de bajón por algo de la trico, la depresión, la ansiedad o el tca. Nunca les pido ayuda con eso porque siento que no lo entenderán, y que no sabrán como ayudarme.
Sentimiento de pertenencia y potenciación personal, eso es lo que me aporta algo que supuestamente solo debería traerme ya malos recuerdos. Pero no es así. Me gusta sentirme cerca de personas a las que tengo lejos, y me gusta sentirme lejos de peronas que tengo cerca. Incomprensible.