Conforme se acerca el final del verano y el comienzo del período escolar mi ansiedad va en aumento. Un nuevo instituto, nuevos compañeros, nuevos profesores, nuevas aulas y una chica que vive anclada en su turbio pasado. Tengo ganas de que empiezen las clases para tener algo que hacer y mantener mi mente ocupada con deberes, apuntes y exámenes para no pensar en aquellas cosas que tenía planeadas hacer este año y que al final no podré realizar debido a mis problemas de salud.
Además llegará el invierno y con él sudaderas, pantalones largos, gorritos a lo Harry Styles, bufandas y todo tipo de ropa para mantener el cuerpo calentito, despertarse temprano y respirar el frío aire de la mañana, caminar hasta la parada del autobus de enfrente de la tintorería con la banda sonora de tu móvil en los auriculares, días de lluvia que pasas en casa con un buen libro y una taza de té calentito, el cielo cubierto por espesas nubes grisaceas que te hacen sentir como si fuese a caer el diluvio universal en cualquier momento y más cosas bonitas del invierno.
Pero no todo es bonito, llevo un año viviendo en casa de mis abuelos y aun no me he acostumbrado, ahora tengo que crear una nueva rutina diaria totalmente distinta a cuando vivía en la que siempre había considerado "mi casa". Yo vivía en un pequeño pueblecito de unos 4.000 habitantes, en una casa no muy grande pero muy bonita con mi padre, mi madre, mi hermana y mi hermano pequeños. Tras el divorcio de mis padres, mis hermanos y yo nos fuimos con mi madre a vivir con mis abuelos, aquel fue uno de los desencadenantes de mis problemas actuales.
Depresión y TCA no específico. A pesar de todo tengo esperanzas de poder enderezar mi vida, ser quien yo quiero ser, llevar a cabo mis sueños e ilusiones, curarme y... quiza ser feliz.
sábado, 31 de agosto de 2013
I. Septiembre.
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