lunes, 22 de enero de 2018

XXIV. Dudas.

Comienzo el año nuevo llena de dudas y sin saber por donde tirar, sin tener claros mis objetivos, mis metas... No sé quiero estar sana o si quiero perder peso. Obviamente quiero ambas cosas, pero no veo como conseguirlas de manera simultánea. No sé si pesarme o no. Quiero saber cuanto peso para marcarme una meta, para controlar lo que pierdo, pero sé que una de mis pautas, mi única pauta, es que no debo pesarme. No me quiero volver a enfermar pero sí que quiero ser delgada. Otra decisión que debo tomar es con qué terapeuta me quedo, ya que ambas me aportan cosas diferentes.
Quiero salir pero no tengo con quien hacerlo ya que todos parecen estar ocupados. Tampoco insisto mucho para no ser pesada, pero si de mí dependiera estaría todo el día preguntando a todos si les apetece salir por ahí a dar una vuelta conmigo.
La cabeza me da mil vueltas. La decisión más importante que debo tomar es si sigo empeñada en perder peso o si abandono en mi lucha contra mi misma y empiezo a aceptarme y quererme tal y como soy. Estoy francamente decepcionada conmigo misma por lo que estoy haciendo. No quiero que nadie lo sepa porque temo decepcionarles a ellos también, sobretodo a mi madre. Me preocupa acabar mal, perder el control, que esto me afecte a un nivel que ya no sea capaz de controlar. No quiero pedir ayuda porque sé que si lo hago no podré perder el peso que quiero perder.
Soy una contradicción en mí misma. Quiero estar sana pero también quiero perder peso a base de no comer, porque es el único método con el que he obtenido resultados. Sé que esto que estoy haciendo no está bien, y tengo una ligera idea de a dónde me puede llevar, pero no quiero parar hasta lograr mi objetivo, un objetivo poco realista y nada definido al que no sé si seré capaz de llegar.
Este año no tengo ninguna meta ni objetivo que me haya marcado cumplir, salvo el de perder peso. Después de casi cinco años yendo a terapia empezar un año y que tu único objetivo sea perder peso no creo que sea una buena señal. De momento no tengo mareos ni estoy pasando hambre. No se me cae el pelo ni estoy cansada, de hecho tengo muchas ganas de hacer cosas. Quiero ver a gente, quiero salir, pasear, charlar, reírme, pasarlo bien... Tengo ganas de arreglarme, de verme guapa, de sentirme bien conmigo misma. Quiero sentir que no estoy desperdiciando mi vida tirada el día entero en la cama con el móvil, en la misma cuenta de Twitter que creé estando en la enfermedad y en única en la que me siento libre. Sin embargo todo eso que no quiero hacer es exactamente lo que estoy haciendo, consumirme lentamente metida en la cama, mirando redes sociales como si nada más importase.
Tengo ganas de abrir mis círculos, de conocer gente nueva, de estar en nuevos ambientes y vivir nuevas experiencias. Lo he estado intentando, he estado enviando mensajes, preguntando a gente si le apetece salir por ahí conmigo, pero lo único que he recibido han sido negativas. Todos tenían ya cosas que hacer, menos una, que estaba demasiado cansada como para salir por ahí conmigo. Lo que yo daría porque me invitasen a salir por ahí, por tener planes, por sentirme plena.
Últimamente me siento plana, como si nada interesante estuviese pasando en mi vida. Como si los días fuesen todos iguales, porque así están siendo, todos iguales. Estudiar por la mañana (o hacer como que estudio por la mañana) y estar en la cama por la tarde. Cada día igual, todos los días lo mismo.
En ciento modo no es una sensación desagradable, pero el hecho de que no sea agradable hace que se vuelva más desagradable. ¿Eso tiene sentido? No me encuentro mal, exactamente, creo que mi muy dilatado umbral de malestar hace que simplemente me encuentre algo desanimada.
A veces creo que simplemente me he aburrido de la vida, ya no está la euforia que sentía al verles cada quince días, ya no hay euforia en absoluto, ni una apatía total, y eso me aburre.


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