El mes pasado ocurrieron tantas cosas que no tuve tiempo ni de pararme a reflexionar sobre ellas.
En primer lugar, el día 20 fue mi veinte cumpleaños. Fue bastante desastroso la verdad. Estuve algo mal durante varios días ya que muy pocas personas se acordaron de él y me felicitaron, cuando yo procuro estar pendiente y felicitar a mis amigos en mis cumpleaños. De algunas personas, la mayoría, podría esperar que no se acordaran, de otras no tanto. Creo que estuve encontrándome físicamente enferma durante varios días debido al disgusto que me llevé.
Después tuvo lugar el fallecimiento de mi abuela, el día 26. Todos lo esperábamos, no fue una sorpresa, sin embargo no pude evitar llorar un poco. Y poco después otra decepción, en quien yo confíe me falló, aunque tal vez la culpa fue mía, por haber confiado tanto en él sabiendo que no está bien. Aún así creo que merezco una disculpa.
Pocos días después, ya con mi abuela enterrada y mis pesados familiares en sus respectivos pueblos me fui a Madrid a ver a Harry Styles en concierto. La verdad es que no pude disfrutar del viaje en su plenitud debido a los recientes acontecimientos, pero el concierto fue fantástico. Le había echado mucho de menos, y habría deseado estar aún más cerca de él, porque desde la grada no se le veía bien la cara, debido a la distancia. Aún así lo pasé en grande, canté, bailé, salté, y grité todo lo que pude. Le estoy muy agradecida a mi madre por llevarme y comprarme la entrada. La verdad es que está mujer nunca deja de darme motivos para sentirme agradecida.
viernes, 6 de abril de 2018
XXXI. Un cumpleaños, una pérdida y un concierto.
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