Yo, mi, me, conmigo. Antes no sabía lo que era ser egoísta, solo podía pensar en los demás. Esa actitud demasiado honesta me ha dado problemas desde bien pequeña. Nunca pensaba en lo que era bueno para mí y anteponía el bien de los demás al mío propio. Eso me llevo a descuidarme mucho a mí misma ya que vivía pendiente de las necesidades de otros sin satisfacer las mías para que después, cuando era yo la que necesitaba a alguien nadie quisiese estar conmigo. Siempre he buscado mi felicidad y mi bienestar en la felicidad y bienestar ajeno lo cual no resultó como yo lo esperaba. Yo daba a los demás todo lo que tenía con la intención de aliviar el malestar de quienes me importan pero estaba desatendiendo mis propias necesidades, necesidades que al no ser nunca cubiertas empezaron a consumirme llevandome a un deterioro físico y mental cuyas consecuencias ahora estoy sufriendo.
Mi madre y la vida me han enseñado que nada es bueno es exceso, ni la generisidad ni el egoísmo. El truco esta en encontrar el equilibrio de modo que puedo hacer cosas por quienes me importan para satisfacer mi necesidad de prestar ayuda y apoyo ya que yo nunca lo recibí y hacer también cosas en mi único y propio beneficio cuidando así mi salud física y mental.
miércoles, 8 de enero de 2014
IX. Yo, mi, me, conmigo.
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